Perforarse el ombligo o taladrarse la lengua ya no es asunto de faquires, sino de hedonistas que hablan de sensualidad, sexualidad y placer. A pesar de contar con una tradición milenaria, el piercing ha irrumpido en la sociedad actual como un torbellino.
Entre el exhibicionismo, el morbo y el simple adorno, el anillado corporal ha sido rescatado de la cultura "underground" de la costa de California (EU) y del universo sadomasoquista por jóvenes sin prejuicios que han visto en él una nueva forma de exaltar el cuerpo y sus zonas erógenas.
Antaño, el anillado corporal tenía distintas connotaciones: tintes sagrados, dramáticos y clasistas, entre otros. Para algunos primitivos era una práctica clandestina, utilizada tanto para preservar la castidad como para provocar la estimulación sexual. La realeza egipcia se anillaba el ombligo como signo de distinción. En la época del Imperio Romano, los centuriones del Cesar se insertaban anillos en los pezones como signo de virilidad, de valentía. Las mujeres de la época victoriana perforaban sus pezones para aumentarlos de tamaño.
Todavía hoy, en algunas culturas africanas o asiáticas, el anillado en genitales es un rito de paso a la madurez, de iniciación a la masculinidad, signo de sumisión femenina, o un mero indicativo de esclavitud.
La ley sagrada del piercing dice: "Perfora todo aquello que sobresalga del cuerpo, el resto ni lo intentes". Para anillarte, basta con que cuelgue un pellejillo de piel. Por eso, además de orejas, nariz, labios, lengua, pezones y genitales, se pueden perforar ombligo, mejillas, cejas y entrecejo. Los más atrevidos se lanzan a decorar el clítoris y el pene. ¿Un delirio de dolor o una obra de arte?.
Precisamente, la búsqueda del placer sexual es uno de los motivos que más incitan a los jóvenes y no tan jóvenes a perforarse el aparato genital, aunque la mayoría de los jóvenes muestran predilección por la zona inferior del labio, la lengua, la oreja y el ombligo.
LA HIGIENE, FUNDAMENTAL
Y para este tipo de anillados, calificados como duros y peligrosos, merece la pena ponerse en manos de especialistas, donde la higiene esté asegurada.
A pesar de su apariencia inocua, una perforación realizada en malas condiciones higiénicas puede convertir un sueño en la peor pesadilla. A pesar del peligro de contraer el virus del Sida o una hepatitis, una perforación con agujas, punzones, sondas o lancetas que no estén esterilizadas o sean desechables, el riesgo de adquirir enfermedades contagiosas como la sífilis, herpes, candidiasis, verrugas genitales o el virus de Epstein Barr son elevadas.
Cuando la perforación se practica en órganos delicados con una gran circulación sanguínea, como la lengua o el pene, el edema y la hemorragia son complicaciones frecuentes y graves.
Uno de los sitios donde suelen aparecen infecciones por un anillo es el cartílago superior de la oreja. Y la época más peligrosa para hacérselo es el verano, debido a que son los meses de los baños en piscina, en los que se suda más, por lo tanto es más propensa a las infecciones.
El piercing bucal es el más popular, pero tiene algunos inconvenientes: dificultades para hablar, infecciones bucales, alteraciones en la producción de saliva, dificultades en la masticación e, incluso, dientes rotos. Los anillos en el pene pueden provocar parafimosisis.
FAMOSOS CON PIERCING
Modelos, actores, rockeros lucen "bodypiercing" sin prejuicios y orgullosos de su pequeña obra de arte sobre la piel. La actriz española Silke, el diseñador Jean Paul Gaultier, la polifacética cantante Madonna, las modelos Raquel Brell, Kate Moss y Naomi Campbell, el rockero Tomy Lee, el cantante Lenny Kravitz y la actriz Gillian Leighleig son alguos de los famosos que han querido adornar la parte de su cuerpo que más les gusta.