Una madre divorciada, que había conseguido en primera instancia la custodia de su hija, la perdió durante un juicio en la Corte de Casación al estimar los jueces que sus malas compañías y el pasado delictivo de algunos miembros de su familia eran incompatibles con la educación de la menor.
Daniela, divorciada de Luigi, había logrado la custodia de su hija Ambra durante un juicio en primera instancia pero el padre siguió con su lucha legal y demostró que algunos amigos de su ex mujer pertenecían a un grupo criminal romano. Además, el padre de Daniela fue condenado por "actos lascivos hacia menores".
Los jueces subrayan que aunque Daniela no haya cometido ningún acto condenable, "sus actividades o las de los miembros de su familia podrían probablemente causar perjuicio a la educación y el desarrollo de la personalidad de la niña, debido a la falta de valores en la forma de comportarse de la madre".