Uno de esos casos es el hecho de que el Smithsonian Institute, dentro de un plan de crear pequeños museos en diferentes ciudades de Estados Unidos, abrió las puertas del nuevo Museo Alameda del Smithsonian con una exposición de Victoria Suéscum, pintora panameña que ya se ha granjeado un reconocimiento internacionalmente. Subraya el honor recibido por la compatriora el hecho de que era la inauguración del primero de los museos satélites que contempla abrir el Smithsonian Institute en diferentes ciudades de Estados Unidos.
En esta muestra individual, Suéscum revela un nuevo desarrollo en su estilo, con un tratamiento de la realidad que se destaca en sus cuadros con una mezcla de humor serio, reveladora tal vez de su invariable aspecto de artista satisfecha, como si la conciencia característica del gran artista que hace que sea algo maravilloso estar en el mundo y tener el mundo entero y toda la variedad de seres humanos como posibles temas hubiera aflorado en ella con esa particularidad que Johan Huizinga bautizó para siempre en su "Homo ludens".
Su desafío de las formas que han prevalecido en la pintura se observa en mezclas de colores enteramente nuevas, juegos con la escala de las cosas y un desborde de algo que a veces parece juego, a veces humor y, en todo momento, como una permanente satisfacción con la forma que ha escogido para plasmar lo que la rodea y transmite en su obra.
Desde regodeos con el colorido de los típicos autobuses panameños hasta formas que recuerdan el tratamiento primitivo que se da en algunos de los pintores consagrados ya en el tiempo, y que han encontrado inspiración en los primeros apetitos pictóricos, desde las cuevas de Altamira hasta las de Ayanta. La materia misma parece no importar cuando vemos que el lienzo, la madera, el cartón y cualquier otro material susceptible de recibir colores y conservarlos para que otros disfruten de su trabajo forman, por así decirlo, el arsenal de posibilidades que Suéscum explora y recorre incansablemente.
En el Museo Alameda del Smithsonian sobresalíó su obra intitulada "Tremendo manicure", llena de juegos con diferentes grados de tonalidades rosas, figuras distorsionadas de objetos reales y todo dentro de un marco que entraba a formar parte de la obra misma, a diferencia del marco tradicional. Entre otras cosas, la imaginación de Suéscum es tal que decidió incorporar los marcos en sus cuadros y hacer marcos inflables en vista del alto costo del transporte de los marcos de madera y de metal.
El origen no deja de ser curioso, y es que, cuando uno de sus hijos regresaba de la piscina a la casa un día, su marido le dijo "¿Por qué no haces marcos inflables?". Captadas de inmediato esas posibilidades, Victoria Suéscum llevas ya cinco años perfeccionándolos.
Hacer una lista de las exposiciones en que participado se llevaría más de un par de páginas del periódico, comenzando por la Biennale de Venecia, pasando por exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Chile, la Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas en La Habana, y prácticamente todas las galerías de arte de Panamá.
En sus propias palabras dice: "Disfruto de este mundo visual y trato de ayudar a otros, que no son de esta cultura, a comprenderlo dentro de la corriente occidental en un contexto de arte serio".
Para terminar con una nota de su humor característico, añade: "Además crecí rodeada de amigas que sabían manejar un pincel muy hábilmente para pintarse las uñas, lo que no es mi caso porque aunque puedo pintar un cuadro, si me pinto las uñas es un desastre".