Prosas Profanas fue editado en 1894 en Buenos Aires, y en 1901, en París. En mi opinión es la mejor muestra modernista de Darío y de la producción modernista hispanoamericana y española. El libro está precedido de un prólogo y dividido en cinco partes: Prosas Profanas, 19 poemas; Varía, 11 poemas; Recreaciones Arqueológicas, 4 poemas; Dezires, Layes y Canciones, 7 poemas; Las Anforas de Epicuro, 13 poemas. El tema erótico, el helénico, el hispano, el de la Naturaleza, el amor, son los temas más destacados en el poemario.
En las Palabras liminares, o sea el prólogo que le escribe Darío a su libro, anota el poeta explicaciones de gran importancia sobre su poética, y me parece que deben conocerla los que están siguiendo estos comentarios, por lo que presento a continuación los fragmentos más significativos.
Después de Azul.., después de Los Rayos, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea - todo bella cosecha - solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni oportuno: un manifiesto.
Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Cleui-qui-ne-comprend-pas. Celui-qui-ne-comprend-pas es, entre nosotros, profesor, académico, correspondiente de la Real Academia Española, periodista, abogado, poeta, rastaquoure.
b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo arte a que se consagran.
c) Porque proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción.
Yo no tengo literatura "mía" - como lo ha manifestado una magistral autoridad - para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea. Wagner, a Augusta Holmés, su discípula, dijo un día: "Lo primero, no imitar a nadie, y, sobre todo, a mí." Gran decir.
(Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en Plaenke y Utatlán, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata Walt Whitman.)
Buenos Aires: Cosmópolis.
El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres: "Este -me dice - es el gran don Miguel de Cervantes Saavedra, genio y manco; éste es Lope de Vega; éste, Garcilaso ; éste, Quintana". Yo le pregunto por el noble Gracián, por Teresa la Santa, por el bravo Góngora y el más fuerte de todos, don Francisco de Quevedo y Villegas. Después exclamo: "¡Shakespeare! ¡Dante! ¡Hugo..!" (Y en mi interior: ¡Verlaine..!)
Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal. La música es sólo de la idea, muchas veces.
(ver poemas en la página D8 del diario impreso)