No saldrán del ABA con un contrato millonario, un puesto donde se puedan rebuscar, ni con un pollo bajo el brazo, pero sí con tema para reflexionar.
La obra que tiene en cartelera, “¡Qué relajo ser diputado!”, se centra en los políticos, los que, según afirma Enrique Jardiel Poncela “son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y luego te cambian el programa”.
A un año de la contienda electoral ya empezaron a salir esos vendedores de ilusiones con sus anzuelos listos para pescar incautos. Oportunamente llega esta obra que pone el dedo en la llaga a los que usan toda clase de artimañas para llegar y mantenerse en el poder, anteponiendo sus mezquinos intereses a los del pueblo.
En el montaje, Vicente y sus serviles -como en la vida real hace la mayoría de los políticos y allegados-, juegan sus cartas creyendo que tienen el “as de corazones”, y ríen descaradamente. Pero como dice el viejo adagio y le consta a Cloti (el pueblo), “el que ríe de último, ríe mejor”.
Los personajes incluyen muchos de los que rodean a los políticos corruptos de cualquier parte del orbe. Desde los que les hacen la venia por unos peniques aunque los humillen hasta los que los despluman sin que digan ni pío, pues juegan el mismo juego sucio: “te utilizo y me utilizas”.
En la pieza se muestra la certeza de la afirmación del filósofo y estadista británico Sir Francis Bacon (1561-1626) de que “Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral”.