Dos británicas perdieron ayer una desesperada batalla judicial para concebir bebés utilizando embriones congelados, porque sus ex maridos quieren que sean destruidos.
Un juez del Tribunal Superior falló en contra de Natallie Evans, de 31 años, y de Lorraine Hadley, de 38, quienes habían pedido al tribunal que les permitiera completar el tratamiento de fertilización in vitro (FIV) que habían comenzado con sus ex maridos.
En ambos casos los hombres retiraron su consentimiento para que los embriones congelados se utilizaran después de haberse separado de las mujeres.
Evans dijo que los embriones eran su única oportunidad de concebir hijos después de haberse sometido a tratamiento contra el cáncer.
“Está desesperada por tener el hijo que siempre quiso”, dijo su abogado a periodistas. “Decir que Natallie está decepcionada sería un eufemismo. Está destrozada (...) Para ella, estos embriones son sus bebés. Naturalmente, Lorraine también está muy afectada y desilusionada por la decisión”.
Ambas mujeres desafiaron el Acta de Fertilización Humana y Embriología de 1990, que estipula que los embriones deben ser destruidos si ambas partes no autorizan su almacenamiento y uso continuo.