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¿Por qué guardamos en Cuaresma?


Desde que tengo uso de razón recuerdo que durante la Cuaresma se debe evitar comer carne los días martes y viernes como parte de lo que tradicionalmente llamamos los panameños “guardar”. Sin embargo, es necesario hacer un acto de reflexión y analizar si lo hacemos por seguir una costumbre o porque en realidad queremos experimentar de alguna manera el sufrimiento de Jesús en la Cruz, a través del sacrificio de algún alimento o actividad que nos guste.
El padre José Araya, de la iglesia San Gerardo de Mayela, nos dice que es una normativa durante estas fechas que los viernes son días de abstinencia de comer carne; el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y también de abstinencia. “En estos días ayunamos y nos abstenemos de comer carne como una práctica de mortificación en donde nos identificamos con el dolor de Jesús que ha ofrecido su vida por nosotros”, nos explica el sacerdote.
El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia en no comer carne. La abstinencia y el ayuno son combinados los Miércoles de Ceniza y los Viernes Santos, fechas en que por lo general las familias preparan una sola comida a base de mariscos.
Para los cristianos el ayuno tiene un gran valor al ser una exigencia del espíritu para mejorar nuestra relación con el Señor, como ayuda al dominio de las pasiones y como reparación de los pecados. En la Semana Mayor, los aspectos exteriores del ayuno son importantes, pero no son lo principal; y es preciso hacerlo con un deseo sincero de purificación interior, de disponibilidad a cumplir la voluntad de Dios y de armonía con nuestro prójimo, especialmente con los que menos tienen.
Para los creyentes la abstinencia comúnmente se refiere a no comer carnes en estos días. Al ser la virtud que consiste en privarse total o parcialmente de satisfacer los apetitos; también puede ser aplicada a cualquier tipo de abstención.
El padre Araya nos dice que el verdadero fundamento de la Cuaresma, es compartir con el que tiene menos y vivir el ayuno y la abstinencia con el objetivo de sentir el sufrimiento de aquellas familias que no tienen un pan en su mesa y que muchas veces desperdiciamos cuando nos sobra.
La idea no es sólo dejar de comer un alimento, o de comer menos, es de sacrificar algo que nos guste demasiado en estos días; de la misma manera en que Jesucristo sacrificó su vida por el perdón de nuestros pecados.
De nada sirve que el Viernes Santo dejemos de comer carnes, esperando con ansias que llegue el Sábado de Gloria para asistir a la fiesta más cercana y comer todo lo que queramos o consumir bebidas alcohólicas. Esta no es una actitud del todo cristiana. Si vamos a hacer un sacrificio, este debe ser muy espiritual para glorificar y agradecer el amor de Cristo.

Ayuno Eucarístico: Anteriormente existía la costumbre de ayunar desde la media noche antes de recibir la Eucaristía y por ello se evitaba desayunar para no romper la norma. Hoy día se puede hacer un ayuno de una hora antes de recibir la Eucaristía. Esto excluye el agua y algún medicamento que debamos de tomar antes de ir a la iglesia.
Ayuno de Cuaresma: Podemos consumir una sola comida completa al día y las demás más ligeras todos los viernes de Cuaresma, si así lo deseamos. Recordemos que el ayuno es una decisión particular de cada creyente en estas fechas.
Ayuno y abstinencia: No comer carne los días Miércoles de Ceniza y Viernes Santo. La abstinencia puede ser hecha a partir de los catorce años y el ayuno desde los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad. Los enfermos están excluidos.
Finalmente, este mismo Jueves Santo, Jesús saboreó en su propia carne lo que significa “el silencio de Dios” y lo dolorosa y hasta cruel que resulta a veces la aceptación de la voluntad del Padre.

Por otra parte, el Jueves Santo de Jesús en la historia fue también para Él la jornada emocionante del adiós de despedida a quienes mucho amaba y con quienes había compartido muy de cerca sus alegrías y sus penas, sus esfuerzos y su cansancio, sus satisfacciones y su desaliento.
No a todas las personas, antes de morir, se les permite despedirse personalmente de sus familiares y amigos. Cuando se producen estas despedidas, por lo general, son momentos de una intensa emoción.
Es el último beso, la última mirada, las postreras palabras que una madre o un padre dirigen a sus hijos. Es su última voluntad, en la que suelen condensarse todas las voluntades de una vida. Y es como la entrega final a quienes se ama, de lo que durante la vida se ha ido prodigando poco a poco.
Pues bien, para Jesús su Jueves Santo estuvo también saturado por este clima y por esta emoción contenida de su despedida final: “Os quiero, dijo, y os querré siempre. Permaneced unidos y amaos unos a otros como verdaderos hermanos; como yo os he amado”.

 

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115813
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América