Variedades

Por una metamorfosis positiva del "yo"


Los niños, por ser niños están en contacto con una dimensión más allá del mundo que nos rodea. Los adultos no nos damos tanta cuenta... Nuestros ojos dejan de ver lo esencial porque permitimos que muchas cosas baladíes que hemos priorizado erróneamente nos distraigan. Y dejamos pasar de largo la vida, pero, nos engañamos y hacemos ver como que vivimos. Y nos autoconvencemos de que sí, vivimos. A la larga descubrimos que no había sido así. Aveces desandamos los pasos. Otras no. Cada uno y cada una que haga sus cálculos y verá si está en paz consigo, con el prójimo, con Dios, con la vida...
Dialogar con Ramón Fonseca Mora es un filosofar que le lleva a una paulatinamente a adentrarse en el análisis del ser y el tener. Es ir un poco a la morada de los sueños fallidos y los cristalizados del ser humano que cuando se adentra en la conquista de sí mismo aprende a vivir. Mientras, permite que las circunstancias o el Status quo le dicten pautas, se viste el ropaje para hacer su mejor papel en el gran escenario que es el mundo: para contentar a la audiencia y que aplaudan sus logros, aunque al final tenga las manos y el corazón vacíos porque lo que parecía una comedia se tornó en un camino de espinas que le desgarraron desde lo más profundo, pero que en una valentía que fue cobardía no supo admitir y enderezar el rumbo a tiempo. Es empezar a querer ver con ojitos de niño todas las enseñanzas sobre la grandeza y pequeñez de que puede hacer gala el Homo sapiens, que están plasmadas a veces llanamente y otras a través de figuras literarias en Ojitos de Angel, su obra que será presentada mañana en el Museo de Arte Contemporáneo por la editorial Alfaguara y el Círculo de Lectura de la Universidad Santa María La Antigua.
NOS DEJAMOS DISTRAER
Los niños y los animales están más en contacto con lo que llamamos Dios o "más allá" y que los cristianos lo ven de una manera, los budistas de otra...", reflexiona Ramón Fonseca Mora y añade que es como una gran montaña y hay diferentes caminos a la cima y cada uno a su manera trata de conquistarla. Pero, nos dejamos entretener. Y es que hay tantas tentaciones, se nos han vendido tantos falsos conceptos de la felicidad, hemos caído presas del consumismo, del hambre materialista y mientras no nos damos permiso para pulir esa parte espiritual que nos hace cristianos.
"Ojitos de Angel" -un recorderis de que hay otras cosas por las cuales vale la pena vivir. Más por el dar que por el recibir. Más por una felicidad conjunta que por el ostracismo que llena de moho, amargura, ansiedad, petulancia, vanalidad, que enceguece y empequeñece aunque la necedad nos impida aceptarloÑno estaba planeada. Nació por casualidad. Mejor digamos por causalidad. Pasó que el autor trabajaba en una añosa novela que no termina de abrir sus páginas al mundo, cuando sucedió que nació su hija. El móvil "... Fue la enfermedad de mi hija cuando nació que casi se me muere. Me marcó. Casi la pierdo...".
Ramón Fonseca Mora y su esposa Elizabeth tienen dos hijas y dos hijos: Susana, de 14 años; Eduardo, de 12; Gabriel de 11 y Raquel de 9.
¿DUEÑOS DE QUE?
"Me salió muy fácil. Es el descubrimiento de un hombre de lo que realmente vale en la vida.
Mientras más viejos nos ponemos más nos aferramos a la parte material. En un mundo en el que vale el que tiene, no el que es", plantea el escritor, quien está convencido de que de lo único que se es dueño es "de lo que uno tiene en el fondo de su alma", porque el dinero, recursos materiales, contactos, a la hora de la verdad última y que realmente importa, de poco valen.
Es fascinante este peregrinaje por el yo interno, apunta Fonseca, quien dice que le encanta reflexionar sobre temas profundos y que en muchas de sus obras "trato de encontrarme con la muerte para averiguar el secreto que hay en ella".
Este librito, como lo llama su autor, es una obra en la que Ramón Fonseca presenta el choque de dos mundos: el ser y el tener. Es la pugna constante del individuo por librar batallas terrenales y ganar. Aunque, no siempre gana. A veces pierde, pero, es ese el instante fortuito cuando aprende a vivir, porque hace un alto en el camino, revisa la carta de navegación y se percata de que equivocó la rutay desde entonces busca el norte adecuado y principia a navegar dentro de su mente y corazón en una búsqueda de lo medular para la gran conquista: la del yo. Y de esta forma, mirar con otros ojos la vida y aprender a valorar este gran regalo del que no se disfruta si no se comparte con los demás, quienes pueden escribir con nosotros hermosos episodios que sólo son visibles si se tienen ojitos de ángel.
No hay fórmula para la felicidad. Pero, el ser auténticos ayuda, como el desarrollar la habilidad de mantener vivo lo que hay de niño en cada uno. Así se enfoca la vida diferente. Los niños, los animales y las personas que viven en un estado "primitivo", tienen otro enfoque, priorizan otras cosas. Son más ellos mismos, más naturales.
CIVILIZACION: GANANCIA O PERDIDA
"Hemos perdido muchísimo en esto que llamamos civilización. Nos hemos puesto una costra que no nos permite ver más allá. Buscamos más cosas, no más ser, sino más bien tener".
En este choque entre dos mundos que presenta el también autor de "La Danza de Las Mariposas" (Premio Ricardo Miró 1994) Don Julio y Mechi son como las dos caras de una moneda. El, que lo ha tenido todo, es un miserable al que le falta la humanidad y grandeza individual que a la desahuciada niña (paciente con cáncer terminal) le sobra. El, que ha despilfarrado dinero y creyó tenerlo todo, se halla con que su equipaje son solamente cosas materiales sin valor para llenar la soledad y el confinamiento en que está ahora. El hambre suya de compañía, de valores esenciales, ha de llenarla alguien a quien a pesar de que la desprecia, porque es una niña indígena, humilde, le da grandes lecciones de esperanza, de optimismo, de amor, de entrega. Y entonces en ese choque del tener y el ser, el desahuciado es él porque llenó su alforja con los tesoros que brillaban y todo era fantasía y se olvidó de lo más importante que es la parte espiritual el crecimiento y descubrimiento interno como individuo.
DOS TIPOS DE MISERABLES
En "Ojitos de Angel " la protagonista, la pequeña Mechi, de 10 años -que puede representar a cualquier niña del mundo que ha crecido como hierba silvestre regada por la lluvia, alumbrada por el sol, acunada por Dios- ella, quien tiene cáncer, es casi una filtrafa humana, sin embargo, posee una riqueza sin medida: en ese su cuerpo escuálido hay tanta humanidad, tanto optimismo, tanta fuerza vital, tanta grandeza, tanta pureza, tanta magnificencia. Apabulla. Y tiene unos ojos preciosos: brillantes, diáfanos, limpios, donde no cabe la mentira, donde se puede leer AMOR.
Don Julio no es nada. Lo tiene todo y no tiene nada. Está solo. Con sus recuerdos, con sus errores que pesan. Quiera o no las circunstancias lo ponen a reflexionar acerca de temas que el individuo espanta como moscas que molestan porque lo obligan a mirar dentro de sí y a descubrir lo que sucede cuando nos dejamos poseer por lo que creemos poseer y dejamos de ser por tener y el tener no nos llena y al final del recorrido nos hallamos con las manos vacías, el corazón triste y el espíritu marchito, porque abrimos miles de cajas de Pandora, pero no supimos abrir el corazón a los demás e impedimos que Dios nos bendijera con hermosos dones.
"Ojitos de Angel" es un libro recomendado por el Ministerio de Educación. Ganó el segundo premio ENKA de Literatura Andina. Donde participaron siete países y varios cientos de obras.
Es un canto a la verdad más íntima del individuo: el desconocimiento de sí mismo. Es un planteamiento del dolor que agobia a una humanidad que anda desenfrenada en una carrera consumista, en un vivir para sí, en un afán de ganarle la partida al otro. Es un desnudar el alma porque se descubre que fuera no está la esencia de la felicidad, sino que la componen miles de detalles, de vivencias, en donde hay aportes de las otras personas, que no deben ser menospreciados porque son los que le dan validez y hacen la diferencia.
EL MAYOR RETO
"Conocerse y conquistarse a sí mismo es el gran reto y compromiso de todo individuo en la Tierra", dice Ramón Fonseca, y añade que " al descubrirse a sí mismo y conocerse, uno tiene que tratar de convertirse en instrumento de Dios -de Brahma, Alá o el Gran Arquitecto Universal- en la Tierra". Y esta disposición de uno de convertirse en instrumento de esa fuerza maravillosa actúa como motor que impulsa las acciones, como brújula que orienta los pasos e impide que el gran barco de la vida encalle, aunque ocasionalmente sea juguete del mal tiempo.
Y reflexiona el autor de "La Isla de las Iguanas" que "cada vez hay más cosas que nos distraen. Más tentaciones. La vida más apurada. Nos atrapa. Antes había más tiempo para pensar, para estar en familia. En el mundo de hoy estamos tan ocupados por cosas que nos rodean: casa, hijos, trabajo, competencia, el qué dirán, tener un carro mejor, viajar, el pago de las deudas". Y solemos unos más otros menos, dejar de lado las cosas que realmente valen la pena.
"Hemos olvidado cómo vivir de verdad. Cuando llegue el momento de estar allá en `el otro lado", estoy convencido de que no te van a preguntar `¿Cuánto tienes?, sino ¿quién eres?" porque , lo más importante en la vida es ser", puntualiza.
Sobre la juventud dijo nuestro interlocutor que todo en la sociedad dirige a la juventud más que hacia ser, hacia conquistar. Todo está dirigido hoy día hacia tener. Hay que buscar el equilibrio. "¿Y la religión?", le cuestionamos. "La religión como se enseña hoy día está obsoleta. Cada vez menos la gente cree en las cosas que se nos presentan. Son historias que estaban bien para otros tiempos, pero hoy día no le dicen nada a la humanidad. Tiene que haber una nueva espiritualidad" plantea él, quien es optimista por naturaleza y confía en que mucha gente seguirá tratando de subir la montaña de la autorrealización, teniendo como escalera los valores fundamentales, para que lleguemos juntos a la cima.
Otras obras de Fonseca Mora son "Ventana Abierta", "Cuatro Mujeres Vestidas de Negro" (obra de teatro con la que ganó el Premio Miró el año pasado) y "Soñar con la Ciudad". ¿Soñador él?, ¡No, realista, pero creyente y convencido de que es una necesidad inminente el renacimiento de una nueva espiritualidad, porque es la única forma de que se rompa con las cadenas del materialismo, el yoísmo y el empantanamiento que impide al individuo trascender. El pretende dedicar más tiempo a tratar de ser y a compartir con su familia. También otras obras nacerán de su mente y nuevos mensajes...
METAMORFOSIS POSITIVA
Mientras, les invitamos a escudriñar en las hojas de "Ojitos de Angel" al nuevo ser humano que hay que permitir que nazca en nosotros. A buscar cómo lograr esa metamorfosis a que aspira todo individuo, porque, como dice Ramón Fonseca, "el ser humano sabe que hay algo más, lo intuye, a veces no lo puede poner en palabras, pero, lo busca desesperadamente". Y, he allí que surge otra vez la figura de la gran montaña a cuya cima todos tratan de llegar. Y surgen caminos nuevos, e iniciativas, congruencias e incongruencias que se conjuntan y hacen el día de hoy y el mañana y dolores y alegrías, ayes y risas, derrotas y triunfos. Pero, permanece algo siempre, EL AMOR. Cuesta descubrirlo después de tanto andar. A unos les toma más tiempo. Lo importante es que se dé este hallazgo, que se conquiste esta verdad suprema de que estamos para compartir, para dar, PARA SER, NO PARA TENER.



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61077
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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