EN Panamá, país de dos estaciones, cuyas fronteras cada año se van desplazando y confundiendo, la temporada lluviosa siempre se ha destacado por los recuerdos nostálgicos del comienzo de la primavera moscovita, colmada de fragantes nevadillas, espectáculos y conciertos.
El primer concierto coincidió con el inicio de la primavera (el 21 de marzo), cuando disfrutamos del extraordinario espectáculo del Grupo Jerez-Texas Jazz, compuesto por guitarra flamenca, violonchelo, batería y una inigualable Isabel Julve, bailaora y cantaora.
Seis días más tarde, en la celebración de los 50 años de la Unión Europea, volvimos a disfrutar de ese encuentro entre la fuerza del flamenco, la libertad del jazz y la elegancia del clásico, entre el corazón y la mente. El chaparrón de vivas y aplausos desbordó en la sala.
El siguiente espectáculo no nos hizo esperar mucho y fue un recital brindado por un talentoso dúo de pianistas españolas, formado por María José Barandiaran y María José de Bustos, definido por la crítica especializada como "identidad artística de lujo", con el cual nos fuimos en un periplo musical por toda la España polifónica, polifacética y policromática.
Y si alguien hubiera querido criticar algo de la recién pasada feria internacional del libro, dudo que se habría atrevido a hacerlo gracias a la triunfal presentación del cantaor flamenco (madrileño) Diego "El Cigala", que fue ovacionado por un público bien ilustrado e identificado con todos los temas interpretados, desde "Inolvidable", "Lágrimas negras" y cerrando con "Dos gardenias", que sonaron una vez como pregón y otra como salsa en el Teatro Anayansi, repleto de "bote en bote".
El artista estaba acompañado por un cuarteto musical que realzó e hizo brillar el talento de El Cigala en todas sus facetas.
Todavía seguíamos bajo el embrujo de Diego cuando recibimos una nueva invitación de la Embajada de España al Ballet Flamenco de María Carrasco: "Al compás de Lorca".
No pudimos faltar a este fabuloso espectáculo lleno de "maravillosa poesía de nuestro querido Lorca, del misterioso duende flamenco que todos lo sentimos, pero que nadie sabe explicar. El que agitaba la voz de la cantaora y los cuerpos de las bailarinas y del bailarín, de intérpretes y de música que hacían volar la imaginación hacia lo más profundo de las cuevas gitanas granadinas, de ingeniosa escenografía, de la fantástica María Carrasco, que con su ballet estremeció y develó profundos dramas humanos y del público que supo apreciar el verdadero arte y que no quería dejar que ese duende se esfumara, y seguía ovacionando a los grandes artistas españoles que respondieron con gran generosidad.
Estamos seguros de que los enormes esfuerzos de la misión diplomática, de Don Miguel Moro Aguilar y de sus "meteorólogos" fueron plenamente recompensados por el público profundamente impresionado y agradecido.
Y como si fuera poco, el jueves 14 de junio recibimos otro dadivoso convite, imposible de rechazar. Esta vez, al concierto del guitarrista clásico Rafael Serrallet y la Orquesta Sinfónica Nacional.
El guitarrista valenciano supo demostrar el alto grado de profesionalismo y virtuosismo, interpretando obras conocidas que hicieron la velada más agradable.
Se reencontró con el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo que, con su música, parece revivir la esencia de una Corte del siglo XVIII, a palabras del mismo compositor, donde la distinción aristocrática se mezcla con la cultura popular.
En su melodía persiste el perfume de magnolias, el canto de los pájaros y el susurro de las fuentes. El Concierto de Aranjuez, "una síntesis de lo clásico y lo popular en forma y emoción", sólo trata de ser tan ágil como una mariposa y tan preciso como el pase de una capa de matador.
Emocionante fue el estreno absoluto de la Obertura Concertante de Gauardainfante de D. Gálvez, compositor que presenció en vivo la interpretación, llena de una fuerza de expresión incomparable, también de nuestros músicos nacionales.
Todos disfrutamos del programa y del buen hacer de Serrallet, que afrontó el repertorio con una seguridad y una musicalidad que identifican a una gran figura de la guitarra española.
Más allá de sus actividades cotidianas y su labor en Panamá, la Embajada de España trabaja incesantemente para el desarrollo y avance de la divulgación del talento, la riqueza y la cultura española con la cual estamos íntimamente identificados.
Pasan los días y todavía nos sentimos agasajados con tantos hermosos y generosos obsequios. Estas muestras artísticas serán recordadas con placer.
Gracias a la Embajada de España por esa labor sin igual, digna de imitación.
Primavera musical panameña
Este año, esa primavera boreal se mudó para Panamá, gracias a los "meteorólogos" de la Embajada de España.