Encantó a la reina de Inglaterra, cautivó a Israel, impresionó a George W. Bush y se ganó a los más duros de ganar: los franceses. Pero podrá la primera dama de Francia (modelo convertida en cantante), Carla Bruni, seguir diseminando su magia una vez salga al mercado su nuevo álbum mañana. Su éxito, o fracaso, sería un asunto de estado.
La italiana Bruni es una esposa inusual para cualquier líder nacional. Pero en Francia, donde corre un profundo conservadurismo, es en muchos sentidos la antítesis de lo que se supone debe ser una primera dama.
Autodescrita como una mujer moderna, la otrora madre soltera de 40 años no esconde un pasado que incluye publicitados romances con Mick Jagger y Eric Clapton.
El título de su nuevo álbum, su tercero, es revelador: "Comme si de rien n'etait" (Como si nada hubiese pasado). El viernes sale a la venta en múltiples países europeos, entre la cumbre del G-8 en Japón y una cumbre el 13 de julio de líderes mundiales en París.