La infanta Leonor está en edad de descubrir y sorprenderse por las maravillas de la naturaleza y, en este sentido, no paró de disfrutar al conocer de cerca los distintos ejemplares que se exhiben en el parque. Unos de los que más le gustaron fueron los ponies, a los que se acercó, aunque no se decidió a montar en ninguno de ellos. Don Felipe y doña Letizia, que se encuentra en la recta final de su embarazo -sale de cuentas en mayo-, también se divirtieron enormemente observando a la Infanta relacionarse con el reino animal.
La última aparición de la Infanta fue el pasado 11 de marzo, cuando en compañía de sus primos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, y sin soltarse ni por un momento de la mano de ellos, fue llevada por su abuela paterna, la reina doña Sofía, al Palacio de los Deportes a ver el espectáculo sobre hielo en el que se reviven algunas de las escenas más maravillosas de las películas de Disney. Era, por otra parte, la primera vez que se la veía por la calle sin sus padres.
Otra de las grandes salidas de la pequeña fue con ocasión de las vacaciones de Navidad. Don Felipe y doña Letizia salieron con su hija a visitar el belén del ayuntamiento de la capital y, después de visitar los puestos de la plaza Mayor, se acercaron a tomar chocolate con churros en uno de los lugares más típicos de Madrid.
¡Ah! Cuidadito con usar palabras cuyo significado no conoces. Menos si hablas con personas de otra cultura. Y peor te irá si son más grandes y más fuertes que tú.
Los significados o acepciones de un término, palabra o frase pueden cambiar según la cultura o país. Lo que en algunos son nombres de frutas, en otros lo son de los órganos reproductivos masculinos o femeninos.
Hay otras palabras que tú puedes usar sin querer ofender a nadie, porque en tu cultura no son hirientes, pero en otra pueden indicar falta de pantalones o amaneramiento.
Sin ánimo de asustarte y para no irnos a los extremos, déjame decirte que ser sarcástico también te puede costar caro, dejarte desdentado, con muletas o en una silla de ruedas.
Si has dicho algo, ya sea con intención o sin ella y esto hizo pasar un mal momento a otros, antes que se agigante el problema, admite que te equivocaste, que actuaste a la ligera, que te dejaste llevar por la cólera o por las ganas de "grubear".
La vida se encargará de hacerte morder la lengua. Cada vez que mal uses la Lengua, el idioma, para herir, ofender, burlarte.
También andas como tren descarrilado en los siguientes casos:
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Cuando levantas falsos testimonios.
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Cuando usas el lenguaje incorrectamente.
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Cuando tus palabras son como dardos.
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Cuando hablas con doble sentido.
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Cuando haces comentarios que atentan contra la honra de los demás.
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Cuando lanzas improperios a diestra y siniestra.
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Cuando te metes a arreglar entuertos y casi te dejan tuerto. O sea, te metes en lo que no te importa.
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Cuando emites sentencias sin asegurarte de su veracidad.
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Cuando repites como papagayo todo lo que escuchas.
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Cuando hablas sin medir el alcance de tus palabras.
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Cuando te portas como un energúmeno con alguien que sin querer te pisa en el bus.
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Cuando le gritas palabras soeces al conductor del auto que te rebasó.
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Cuando retas a agarrarse a puños a alguien en el bus sólo porque van muy pegados y no se quieren correr para atrás y hay un intercambio de barbaridades verbales entre ambos, aupados, claro está, por un grupo que quiere que ustedes se malmaten o hagan de payasos en un circo donde ellos, los mirones entran gratis y no reciben los puños y patadas.
En conclusión, aprende a usar inteligentemente tu lengua, para ganar puntos a tu favor en todos los escenarios de la vida. No para petardear, criticar destructivamente, humillar, chismear ni hacer tajos la integridad de los demás.