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Caballini: actor, escenógrafo, diseñador ... el artista
Actor, escenógrafo, diseñador, publicista, modelo, entre otras profesiones y actividades acompañan a Eduardo Caballini, uno de los talentos artísticos de nuestro medio que ha descollado en los últimos años.
Definitivamente que este artista panameño, nacido en el barrio Bolívar en David-Chiriquí, tiene un camino recorrido en el ámbito artístico y de la comunicación social en general, por sus impactantes trabajos realizados en teatro, televisión y en el campo profesional de la decoración y el diseño.
Se inició en la actividad teatral en 1994, cuando una amiga (Reyna Medaglia) le propuso que le ayudara en la ambientación de la obra "Un extraño conocido", que se presentó en julio de ese año, bajo la dirección de Edwin Cedeño. En aquella época, ya era conocido como decorador y diseñador.
Para su sorpresa, cuando estaba realizando este menester, el director Cedeño le hace otra propuesta, la de trabajar como actor, ya que estaban necesitando una persona para un papel en la obra. Así fue como llegó Eduardo Caballini al fantástico mundo del teatro.
Esa primera confrontación con el público le produjo, como era normal, mucho nerviosismo. "Me daba pánico escénico, no podía ni hablar", recuerda Caballini cuando rememora esa primera obra en la que trabajó; al tiempo que también reconoce que esa vez significó un verdadero reto en su carrera profesional.
Aunque ambas actividades nacieron colateralmente en Eduardo, la de escenógrafo y actor, él admite que esas dos tareas teatrales le apasionan por igual. No obstante, rechazó que tenga más preferencia por una que por la otra, ya que le gusta todo lo que a teatro se refiere.
En ese sentido, tenemos que anotar que este talento nacional también es un maestro en el área del vestuario y el maquillaje, que son otras de sus grandes habilidades a lo que tenemos que sumar, por ejemplo, trabajos como diseño de afiche, programas de mano, entre otros.
Pero no podemos alejarnos de que Eduardo Caballini se hizo un nombre en el área del diseño y la decoración, antes de descubrir el teatro. Por más de 15 años trabajó para un reconocido almacén haciendo todo tipo de labores en esta especialidad, lo que lo ayudó a ingresar a los escenarios de las diversas salas teatrales del país.
Su destreza, talento, imaginación e inventiva le abrieron las puertas al progreso y le permitieron independizarse, creando de este modo su propia empresa llamada Caballini Dettagli, que ofrece servicios de todo tipo en cuanto a decoración y diseño.
Pero esa habilidad con las manos, sin contar su fibra actoral, es algo nato en él. Según comenta, desde pequeño le atrae la pintura, lo que le permitió participar en casi todos los concursos pictóricos que se efectúan en los colegios donde cursó estudios, donde salía ganador, además de confeccionar murales alegóricos en su vida estudiantil. En aquellos años, le llamaban "el artista del colegio", tal como lo nombraron en el anuario.
Cabe anotar, que Eduardo Caballini estudió la primaria en la Escuela Elisa Chiari, el nivel medio en el Colegio Francisco Morazán y el Instituto Normal de David, donde obtuvo el Bachiller en Ciencias con instrumentación Tecnológica en Construcción. Luego vino a parar a la ciudad capital, donde trabajó por 10 años hasta que ingresó a la Universidad de Panamá para estudiar la carrera de Publicidad.
A pesar de que sus actividades profesionales son un tanto disímiles, por las especialidades que ha desarrollado, este joven artista afirma que se siente tan polifacético, porque le encanta hacer de todo.
"Pienso que la vida no me está alcanzando, para hacer todo lo que quiero hacer", subrayó en una entrevista que nos diera en su residencia y donde evidentemente se observa una exquisita y atractiva decoración. Cada elemento ha sido seleccionado con mucho cuidado y estilo.
El ingenio artístico es innato en Eduardo, que inclusive nos llegó a asegurar que sólo con ver cualquier material u objeto puedo transformarlo y al mismo tiempo crear un concepto con mucha facilidad.
Por otro lado, su afinidad por la pintura lo ha llevado a pensar que cuando llegue a viejo, se tenga que jubilar o retirar de sus ajetreos, se irá tal vez a Cerro Punta, en Chiriquí, a pintar el resto que le queda de vida.
Caballini indica que cuando va a realizar una escenografía teatral toma en consideración primero el espacio y que sea funcional conjuntamente con el director; en segundo lugar que los elementos y requerimientos que se hacen en la obra estén presentes y finalmente crear un color neutral o ambientar ese espacio de modo que sea un complemento efectivo con la misma puesta en escena.
Reconoce que muchas veces hay que también ceñirse a ciertos parámetros, debido a las limitaciones y necesidades que se puedan dar dentro de una producción y al presupuesto con que se cuente en el momento.
Caballini viene diseñando y construyendo escenografías desde 1994 cuando ingresó al ambiente teatral; diversas agrupaciones le han solicitado sus servicios y en cada trabajo realizado se nota su toque de distinción y calidad.
En 1998 se hizo merecedor del premio a la mejor escenografía en la primera entrega de los premios teatrales "Escenas", por la obra Sara Bernhardt, donde no sólo demostró sus quilates como escenógrafo, sino también como actor al lograr un excepcional desdoblamiento escénico en los diversos papeles que interpretó en este montaje. En 1999 fue nominado, en el referido galardón, en la categoría de mejor escenografía y vestuario por "Las Dos Camelias".
Casualmente la escenografía de la obra "Ingenuas Palomas", que presenta hasta hoy el colectivo Kaleidoskopio en el Teatro La Cúpula, es responsabilidad de Eduardo Caballini y donde el público puede admirar el buen gusto y alto sentido estético que posee.
Un alto estilo estético que ha dejado huella en todas las producciones donde le han solicitado sus servicios profesionales, especialmente en la agrupación Kaleidoskopio Teatro, donde es miembro, agrupación que se ha caracterizado no sólo por llevar a escena trabajos actorales de primera, sino que en el orden escenográfico impone la creatividad y el ingenio.
Dice Caballini que cada vez que elabora una escenografía toma en consideración también que sea de su agrado y luego que el público se deleite con un buen trabajo donde persiste el detalle, colorido y, por supuesto, el diseño.
Por otro lado, de aquel año en que hizo su primera obra como actor siguieron más en los años subsiguientes y cada vez demostrando que tiene "madera" para la actuación. Todavía queda en el recuerdo de los entendidos y amantes del arte, sus trabajos en las obras "La Celestina", "El Burgués Gentil Hombre", "El Avaro", "El Patio de Atrás", "Las Mariposas son Libres", "La Divina Sara Bernhardt", "La Guerra empieza en Cuba" y "Las Dos Camelias".
En cada papel que interpretó, Eduardo reconoce que se divirtió muchísimo, pero mantiene vivo en la memoria sus personajes en las piezas "Las Mariposas son Libres", donde hizo de un tierno y amoroso ciego; y en "Sara Bernhardt", en la cual interpretó al asistente de esta célebre actriz, donde requirió de todas sus energías y conocimientos por los exigentes desdoblamientos que tenía que hacer.
Caballini señala que para interpretar un papel en una obra lo primero que hace es sentir el personaje que le están solicitando, irlo ambientando interiormente y, con la ayuda del director, desarrollarlo a cabalidad.
A este artista, que también es buscado para efectuar papeles de galán, sostiene que es una interpretación mucho más fácil, pero que sinceramente le gusta los roles donde tenga que desdoblarse, mostrar otra personalidad poco común, es decir, papeles más fuertes.
En cuanto a los directores con los cuales ha trabajado reconoció la labor de maestros como Norman Douglas y Edwin Cedeño, cada uno con su estilo propio, pero adujo que su favorito es Eugenio Fernández, con quien ha trabajado en casi todas sus obras y mantiene una relación familiar.
En otro sentido, resaltó al grupo Kaleidoskopio Teatro, del cual es miembro activo, porque le ha permitido demostrar lo que es actualmente, aparte de que lleva también una relación muy especial con su directora, la destacada actriz Elisa Fernández, a quien Eduardo nombra como "su madre teatral". "Es una mujer bastante exigente ... me ha ayudado muchísimo estar al lado de ella", enfatizó.
Por otro lado, en lo que se refiere a los trabajos teatrales que se observan hoy en día en las distintas salas, nuestro entrevistado reconoció que existen grupos que se están superando, pero no descartó el hecho de que persisten errores que hay que superar. Fallas que atribuyó a las limitaciones que hay dentro de los mismos teatros, refiriéndose al aspecto de espacio, equipamiento y condiciones físicas.
Pese a esa realidad, mostró su satisfacción por las escenografías que están mostrando los grupos teatrales, donde se evidencia una especie de rivalidad, ya que se preocupan por hacer mejores presentaciones en este aspecto. Se regocijó porque en parte él ha contribuido en ello.
Este talento nacional, con un camino recorrido en el ámbito artístico, es del pensamiento que todavía le falta mucho por alcanzar. "Todavía me siento que no he crecido lo que yo quiero, y lo que sé, me falta todavía", dijo.
Por el momento una de sus grandes aspiraciones y metas es tener su propio teatro y algún día dirigir obras, para planificarlas como desea. "Quiero que el público se sienta que va a ver un espectáculo, no fallas y errores encima de un escenario. Hacer producciones que en verdad el público se pare a aplaudir", sustentó.
Finalmente, le preguntamos qué es el arte para él, a lo cual respondió: "es la inspiración de la vida, como vivir de detalles". Sólo unos segundos bastaron para que se compungiera y a su mente aflorara el recuerdo de su madre fallecida, a quien alude le dedicaría el resto de su vida. Una respiración profunda se produjo en ese instante para contener la emoción ... así concluyó la entrevista.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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