El peor enemigo de un buen par de zapatos italianos son los obstáculos que pululan en las aceras de muchas ciudades del país: excrementos de perros.
Y, al parecer, el alcalde de un pueblo italiano está harto de este problema, pues ha prohibido la circulación de perros en dos plazas y en la calle principal del poblado, que son las "pasarelas" para los paseos nocturnos de la población, un rito social para muchos italianos que acostumbran a salir a caminar en las noches vestidos con elegancia.