Una parte de la luz solar la constituyen los rayos ultravioletas que si no se toman las medidas adecuadas son potencialmente peligrosos. El proceso es el siguiente: los rayos de UV hacen que la melanina, un componente químico que se encuentra en la piel, reaccione. En consecuencia ésta se pone morena y si la exposición es incontrolada también sufre un deterioro. Los daños irreversibles en la piel pueden producirse en pocos minutos. Los UVB son los principales responsables de las insolaciones y sus efectos actúan al nivel de la epidermis.
Se calcula que entre los 18 y 20 años las personas han tomado ya el 50% del sol que pueden tolerar en toda su vida. La mitad de los nuevos cánceres son de piel y dos de cada tres están relacionados con las radiaciones solares.
Cada persona nace con un capital solar, un mecanismo de defensa que va consumiendo y no es renovable. En España se dan 80.000 nuevos cánceres cutáneos al año y de ellos 6.000 son melanomas. En Navarra su tasa es de 6 casos por 100.000 habitantes.
Se distinguen tres tipos: varios tipos de cáncer, envejecimiento prematuro y queratosis actínica. Además la exposición excesiva a los UV está asociada con un mayor riesgo de desarrollar cataratas y un debilitamiento del sistema inmune.
Con piel blanca
Los que se exponen a los rayos UV de forma excesiva y sin protección solar
Los varones (que multiplica el riesgo por dos o tres)
Tener algún familiar con cáncer de piel o estar expuesto en el trabajo a algún tipo de arsénicos.
Ponerse crema con protección fuerte cada dos horas
Utilizar gafas de sol
Cubrirse la mayor parte del cuerpo y la cabeza
Evitar ponerse al sol entre las diez y las cuatro
No usar lociones bronceadoras.
Los rayos del sol aportan ventajas al organismo. Previenen la deficiencia de vitamina D en el organismo y en consecuencia, la pérdida de masa ósea reduciendo así el riesgo de fracturas, sobre todo en las personas mayores.
También favorecen el estado de ánimo y aumentan la relajación. Hay datos incluso que afirman resulta beneficioso para la depresión.
Usar cremas protectoras contra los rayos ultravioletas Ay B de factor 15 como mínimo. La crema protectora debe ser de amplio espectro y abarcar todos los rayos ultravioletas.
Aplicarlas cada dos horas sobre todo si suda o se baña. Es importante emplear el protector un mínimo de 25 minutos antes de la exposición al sol y repetir la aplicación cada dos horas.
No tuvieron éxito sus gestiones. Unos aducían que había exceso de trabajo; algunos alegaban que aceptar a una condenada de un departamento, en otro que no le correspondía, estaba reñido con la ética profesional; los más expresaban sin rodeos su temor de que una bochinchosa, introducida en un departamento extraño a son condición, podría incitar a la rebelión a los condenados.
Lucifer no había estado tan perplejo en millones y millones de años. Por más diablos que fueran, las ampliaciones tomarían tiempo y mientras tanto él no sabía que hacer con doña Jacinta. Luego, reflexionando como diablo, llegó a la conclusión de que la culpa no era de él, sino de allá arriba, que dejaban ir a tantos para allá abajo. ¡Que resolvieron ellos el problema! Eso les pasaba por ser tan timoratos y no arrancar lenguas a tiempo, como hacía él.
Lucifer tomó entonces una drástica resolución que sólo utilizaba en casos extremos, pues le desagradaba visitar a aquellos con quienes no tenía afinidad de caracteres.
Pero, estaba en una encrucijada; pues si trataba de imponerse a los diablos, había peligro de que estos se declararan en huelga general, como ya lo habían amenazado. ¡Eso sí, que desquiciaría a todo el universo!
Que decidan allá arriba -volvió a repetir para convencerse que le asistía la razón.
-O me dan la autorización que voy a solicitarles, o les dejo a la condenada.
Y, sin vacilar más, cogió a doña Jacinta, se la echó sobre los hombros como si fuera un fardo, e inició el camino hacia el cielo.
Después de un viaje sin contratiempos llegó a su destino. Dio fuertes aldabonazos a la puerta de entrada y le preguntaron.
-¿Qué buscas?
-Audiencia con el Arcángel Miguel- respondió Lucifer. Sabía que San Pedro era muy estricto y no le convenía hablar con él. Por otra parte el Arcángel Miguel aun cuando hubiera sido su vencedor, era militar, y entre colegas es siempre más fácil entenderse.
Tal como lo había imaginado, el Arcángel Miguel accedió a concederle audiencia y apareció al poco rato. Lucifer le expuso su problema, y el Arcángel le escuchó atentamente. No le prometió nada definitivo pero le dio su palabra de que trataría de obtener la autorización solicitada.
Efectivamente, así fue. Al regresar de la conferencia con San Pedro, le entregó a Lucifer las órdenes escritas y este, satisfecho de haber resuelto su dilema, emprendió el camino de regreso.
Pero esta vez no bajó directamente al infierno.
Con el espíritu de doña Jacinta a cuestas se introdujo en el velorio de esta.
Ya no tenía prisa, así es que se detuvo un instante a tomarse un guarapito en la mesa tan discretamente colocada.
Durante un rato sopló el humo de las velas para que este se introdujera directamente en las narices de unas cuantas plañideras. Y se hubiera quedado un ratito más divirtiéndose en el velorio, si no hubiese sido por la aparición del Padre Ignacio, ante cuya presencia comenzó a sentirse incómodo e inquieto.
Decidió terminar su labor. Pero, como tenía que trabajar de espaldas al Crucifijo, colocó primero la cabeza del espíritu de doña Jacinta, dentro de la cabeza de la misma. Estaba terminando de ajustarle bien los pies, cuando se dio cuenta que la difunta se había incorporado y decía a voz en cuello:
-¿De qué misterios hablan que yo no me he enterado?.
Alarmado por el exabrupto, actuó con la rapidez característica de su condición de Gran Diablo. Saco las tijeras y en un santiamén, ¡Zas! Podó la lengua de doña Jacinta, antes de que esta pudiera protestar.
Luego se alejó a todo vuelo hacia abajo, sintiendo un poco que el ser tan diablo no le permitiera agradecer al Arcángel Miguel el haberle conseguido la autorización para devolver a doña Jacinta, hasta que estuvieran terminadas las ampliaciones del Departamento 4300.
Hasta entonces, y por mandato expreso de autoridades superiores, doña Jacinta cumpliría su condena en la tierra.
Esto fue lo que me contó mi abuela. Y a ella, como ya les informé, se lo había contado la suya, que era eximia cuentista; íntima amiga de don Antonio quien era experto en urdir cuentos.