Antonio es un hombre de 42 años, casado y con tres hijos. Tiene problemas con el alcohol y, desde hace un tiempo, sospecha que su mujer mantiene relaciones con un conocido suyo. Se ha gastado una importante suma de dinero en detectives privados. A pesar de las evidencias en contra de su sospecha, Antonio está convencido de lo contrario hasta el punto de ocuparle cada minuto de su tiempo y de desatender su trabajo.
Corina es una atractiva mujer de 26 años. Llega a la consulta por sentir celos de su novio, sentimiento que se intensifica cuando éste se ausenta de la ciudad por motivos de trabajo. Un par de consultas bastaron para que Corina se diera cuenta que esta actitud no tenía nada de anormal y su problema mejoró cuando su novio cambió de trabajo.
Los celos son sin duda una emoción compleja y difícil de manejar. Para comprender esta aflicción es necesario clasificarlo en tres estados: el afecto, el ánimo y las emociones.
El afecto es un estado emocional permanente o casi permanente. El ánimo, por el contrario, presenta oscilaciones a lo largo del tiempo; es un estado que puede variar entre risa y llanto. Y, las emociones son cambios más pasajeros, que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer.
Además, los celos es un sentimiento negativo desencadenado por y dirigido hacia una persona con la que se mantiene una relación en la que existen factores de competencia y de apego. A diferencia del odio, esta sensación se dirige hacia personas que apreciamos y creemos amar.
Es normal sentir celos porque es una emoción natural desde el punto de vista psicobiológico y cultural. El problema no reside en el hecho de sentir celos, sino en la intensidad de los mismos por la frecuencia y la manera en que éstos influyen en la conducta del hombre y la mujer. Esta desconfianza es más frecuente en personalidades pasivo-dependientes que presentan importantes sentimientos de inferioridad e inseguridad y en aquellas parejas que tienen problemas.
Los factores culturales son también importantes en la gestación de esta disposición. Por ejemplo: los esquimales muestran una bajísima expresividad de esta emoción y lo mismo ocurre en muchas culturas polinesias y en la India. En las culturas marcadamente patriliniales del Oriente Medio, los celos son una manifestación casi exclusivamente masculina, mientras que en la cultura latina, este estado de ánimo asume un papel fundamental en la preservación de la estructura familiar.
Cuando los celos son un sentimiento constante y permanente que domina toda la actividad mental y modifica la conducta de un individuo como en el caso de Antonio, entonces este sentimiento deja de ser normal y se convierte en patológico.
Los celos patológicos pueden aparecer con una intensidad anormal en circunstancias particulares, en los factores de personalidad o pueden tener un carácter claramente irreal (obsesivo-delirante). A este síntoma se le llama celopatía y aparece en enfermedades como el alcoholismo, la paranoia, la esquizofrenia y en el consumo prolongado de sustancias tóxicas como la cocaína, lo que revela la relación entre elementos biológicos, psicológicos y sociales. Se presenta más en los hombres que en las mujeres, y en edades más avanzadas.
Los celos a nivel "normal" y el amor "auténtico y verdadero" pueden conciliarse y hasta combinarse. Sólo habrá que tener cuidado cuando este sentimiento se convierte en amenazante, disparatado y dañino en la pareja. Si es así de enfermizo lo saludable es pedir ayuda.
*Psicóloga clínica y sexóloga