Enrique Miranda nunca leyó el cuento de Pulgarcito, pero al igual que el personaje lucha con temeridad por cumplir todos sus sueños. En una popular esquina de la capital salvadoreña, que a menudo es rentada por compañía circenses, Pulgarcito cuenta los pasos que lo llevan a convertirse en un artista internacional.
Desde hace ocho meses este pequeño caballerito de 85 centímetros de altura y 20 años de edad, integra el elenco del circo Los Hermanos King. Una popular empresa mexicana que le dio la oportunidad y el cariño de sumarse a esta familia artística. Sin preparación alguna, Enrique dijo adiós a su natal provincia de Chiriquí en Panamá, para emprender lo que él llama el camino a "su sueño americano".
"Ellos -el circo- llegaron a Chiriquí, y yo tenía que pasar por el cuadro en donde estaba el circo, cuando iba a la universidad. Yo le dije a mi papá que quería ir a verlo, porque no quería estudiar más. Lo que yo quería era manejar las computadoras y los programas y eso, y ya me los aprendí", relata, mientras admite que iba entusiasmado a conseguir un empleo.
Así, Enrique visitó al dueño y después de un sorpresivo "sí", volvió a casa a recoger sus maletas para continuar la gira de "Los King", en ciudad de Panamá, olvidándose de los dos años de técnico en computación que logró cursar en la universidad de su provincia, mismos que asegura con satisfacción logró "aprender a manejar las computadoras y los programas", una de sus metas más anheladas.
Aún hoy, los recuerdos de la universidad no desaparecen de su memoria. Recuerda lo nervioso que se ponía frente a sus compañeros de clase, cuando le tocaba exponer alguna tarea. "No me gustaba salir al frente del público. Cuando iba a la universidad y me tocaba exponer me ponía nervioso, me temblaban las piernas", dice, comparando esa misma sensación con el día en el que tuvo que salir al escenario por primera vez.
Emociones que después de un par de meses logró superar, con el apoyo de sus compañeros de viaje y del mismo dueño del circo. "Pulgarcito" reconoce que este camino de esperanzas, en el que ahora da sus pequeños pasos, le "ha ayudado en lo personal a creer más en mí, a tenerme más confianza", admite. Y este mismo objetivo es el que lo impulsa para no olvidarse del sueño que inicialmente lo llevó a convertirse en artista circense.
"Mi sueño es llegar a los Estados Unidos, algún día y conseguir una oportunidad en alguna empresa televisiva o algo"; mientras tanto, prosigue con entrenamientos y funciones concurridas en una carpa donde entran mucho más de tres mil personas.
Mientras los días pasan, "el pulgarcito de América", Enrique, se levanta todas las mañanas esperanzado a cumplir con más entusiasmo el número que le toca interpretar dentro de la función de Los Hermanos King.
Una pequeña casa rodante de no más de dos metros de largo por un metro y medio de ancho, es el palacio de este artista, su camerino y su rincón de nostalgias. Con letras al estilo viejo oeste se anuncia en cada viaje: "Aquí vive Pulgarcito, el hombre más pequeño del mundo".
Durante el día, su pequeño trailer como él le llama, es su resguardo y el testigo de momentos de nostalgia al extrañar a su familia, en especial a su padre, al que no ha visto desde hace ocho meses y quien más lo apoyó en este su sueño.
"Cuando fue el día del padre-16 de junio- llamé a mi papá apenas me desperté y lo felicité", relata Enrique, afectado porque días antes al ver la televisión, vio cómo la gente enviaba saludos a sus papás desde los Estados Unidos. "Yo también me acordé del mío y tuve que apagar el televisor antes que se me llenaran los ojos de lágrimas".
Su único contacto con él, que se llama igual, es la señal de un pequeño celular que cuida con recelo. A veces, dice, le llama para ver cómo está y para preguntarle cómo van las seis vaquitas que le ha comprado, con los ahorros que "Pulgarcito" le ha enviado.
Esos contactos telefónicos desde cualquier lugar de Centroamérica de alguna manera mitiga la distancia que ahora lo separa de su familia. Al igual que los proyectos, paseos y preparaciones para transformar su participación dentro del espectáculo. Pero no todo es lágrimas, dentro de esta aventura circense, Pulgarcito también agradece a la vida esta oportunidad de conocer nuevos rumbos y horizontes.
Aquí en El Salvador, Enrique se siente a sus anchas y mientras tiene tiempo libre, no para de conocer este "Pulgarcito de América". "He ido a Metrocentro, al centro de San Salvador, a los otros pueblos: Sonsonate, Santa Ana, San Miguel, he conocido más o menos El Salvador", dice contento de dejar sus huellas en este pequeño terruño centroamericano.
Pero también aprovecha algunas horas para preparar nuevos números artísticos, como lo está haciendo por las mañanas bajo la carpa del circo. "Ahora mismo estoy recibiendo clases de música, con una profesora de Sonsonate. Me está enseñando a tocar la trompeta, para sacar un número más adelante", comenta; esperando que para febrero del próximo año, cuando se reúna de nuevo con su familia, pueda mostrarles el artista en el que se ha convertido.