Este exceso de atención, que en el fondo nos gusta porque nos hace sentir deseables y atractivas, a menudo nos fastidia, -contradictorio ¿no?-. "Quédate tranquilo", "Aquí no", "Nos van a oír los niños" o "¿No ves que estoy ocupada?", son algunas de las frases que como cubetazos de agua fría empleamos para aplacar su ardor.
Sin embargo, cuando vemos a nuestros hombres distantes, cansados y sin apetito (sexualmente hablando) nos preocupamos. ¿Qué le pasará?. ¿Tendrá otra mujer?. ¿Será que ya no le gusto?, las interrogantes y la angustia no se hacen esperar.
El Dr. Villa-Real afirma que para los hombres el sexo no es más que la satisfacción de un deseo. No tiene otras implicaciones, ni trascendencia emocional, es sencillamente complacer a un instinto básico, como comer, dormir o tener sed. Ellos no le dan la connotación emocional y espiritual que le dan las mujeres.
De allí a que sus compañeras no comprendan que un hombre pueda ser infiel, rompiendo todas sus promesas, para luego ni siquiera acordarse del nombre de la persona con quien tuvo relaciones.
"El hombre es un blanco fácil de cualquier situación si no tiene bien fuertes sus principios, puede caer fácilmente, porque la tentación está a la vuelta de la esquina y sólo actúa porque su naturaleza lo lleva hacia esa dirección", opinó el galeno.
Cuando los hombres hacen la diferencia entre tener sexo y hacer el amor es que surgen las relaciones estables de parejas. Si participa íntimamente con una persona a quien quiere el disfrute es mayor, satisface su deseo sexual y goza del momento y la compañía. Un ejemplo que con el que ilustra esta idea es la diferencia que existen entre almorzar con desconocidos o hacerlos con amistades o seres queridos. En ambos casos ingerimos comida, pero en el segundo lo hacemos con alguien a quien apreciamos. Se llenan a la vez el estómago y el espíritu.
A medida que aumenta la edad, nos hacemos más perspicaces y adquirimos experiencia, la mente es más ágil, pero el físico no suele acompañarla. Es así, dice el sexólogo Aníbal Villa-Real, que un hombre de 60 años, posiblemente tenga más interés sexual, empero su cuerpo no le responde como cuando tenía 20 años.
Califica esto como una ironía: Tener un cuerpo joven y vigoroso a los 20, sin la experiencia y las técnicas necesarias y luego poseer conocimiento y ganas a raudales y no tener con qué saciarlas.
El rechazo de un hombre a la intimidad puede deberse a diferentes razones. El sexólogo nos habló de las más comunes:
Su mente está ocupada en otra cosa.
Está físicamente agotado.
Ya no le encuentra atractivo a su pareja, o
Se está satisfaciendo con otra persona.
Lo primero que debemos hacer, según el Dr. Villa-Real, es determinar lo que motiva la "falta de apetito" de tu príncipe. Si se trata de cansancio físico o mental por su trabajo, busque formas para que deje su adicción laboral para pasar más tiempo descansando, paseando y saliendo solos los dos.
En el caso de que haya una tercera persona en discordia, te toca decidir si vale la pena perdonar el hecho y seguir adelante o terminar con el infiel. Si hablamos de la razón N°3, quizás tengas algo de responsabilidad. ¿Has dejado de innovar o proponerle cosas que le llamen la atención?. ¿Dejas de peinarte y arreglarte cuando te quedas en casa?. ¿Peleas y gritas más de lo que animas y halagas?. ¿Has rechazado últimamente sus requerimientos amorosos?, si respondes afirmativamente a una de estas interrogantes es hora de hacer todo lo contrario. Ya sabes lo que le gusta, lo conquistaste antes y puedes volver a interesarlo, sólo es cuestión de cómo dicen los mejicanos "echarle ganas". Te deseamos la mejor de las suertes.