Robertito está extraño, ha perdido el apetito, habla solo, pasa de la euforia al ensimismamiento. Usted no se explica qué le sucede.
Hasta hace unos días era como un torbellino y estaba que saltaba en un pie. Iba a comenzar clases. Estrenaría uniforme. Entraría al mundo de la "gente grande". Bueno, al menos ya no sería el chiquitín que se queda en casa viendo las cómicas en la TV y jugando con los carritos o el Nintendo mientras sus hermanitos y hermanotes van a la escuela. Vaya, la escuela, ese mundo del que tanto ha escuchado. Ahora él será también un personaje, un protagonista en el aula, no más un mero espectador.
Sin embargo, de la noche a la mañana, con ese cambio repentino en el estado de ánimo del pequeño cascabel, se preguntará usted si es que está enfermo.
Pero luego, después de analizar la situación, concluye que no, no se trata de eso. Sencillamente está ansioso porque faltan apenas unos días para el comienzo del año escolar.
Es lógico que el primer día de clases e inclusive en las proximidades de éste el niño se muestre ansioso y no sepa a ciencia cierta la causa. Máxime si es un novato.
Esa nueva experiencia es un reto para él. A la vez, un paso importantísimo en su vida. El comienzo de una nueva etapa. Ineludible, llena de vivencias que marcarán su vida, inolvidable.
Hable con él, explíquele que esa especie de temor, inseguridad, nervios, son comprensibles. Cuéntele que cuando usted comenzaba algo nuevo (a todos nos sigue pasando en mayor o menor grado), ya sea que asistía por primera vez a una escuela distinta, cambiaba de trabajo, se mudaba de casa, conoció a su pareja e inició una relación, le asignaban una tarea en un asunto para el cual no estaba muy preparada... o sólo por el mero hecho de las expectativas que ello generaba en los demás, usted estaba que se moría de ansiedad.
Es decir, en situaciones estresantes, nuevas o que demandan mucho de uno no es raro que se experimenten cosas como: manos sudorosas, comerse las uñas, morderse los labios, sentir que las piernas tiemblan, las palabras no acuden tan pronto como se quisiera o por el contrario se habla a borbotones atropelladamente, repentinamente no se explica usted por qué sufre de jaquecas e irritación intestinal, la boca se le pone seca, suda frío... en fin.
Dígale que sí, es la incursión en un mundo nuevo, lleno de experiencias que le harán crecer, donde conocerá nuevos amiguitos, en el que aprenderá a ser más independiente y en el cual hallará contestación a muchas interrogantes.
Explíquele que ir a la escuela es comenzar una de las etapas más importantes en la vida del individuo, porque en la escuela se le van a dar herramientas para que en esta aventura que es la vida esté mejor preparado para valerse por sí mismo, conseguir un empleo y alcanzar sus metas.
Dígale que cada día es el inicio de una cadena de experiencias, cada aprendizaje ganancia y este descubrir constante en cada asignatura, este acceso a la información es el que le hará libre y le facultará para el pensamiento crítico, que escudriña, que cuestiona, que no da las cosas por sentadas, en una sociedad en la que hay tantas ataduras.