Yo siempre he sido una amante de organizar eventos, llámese encuentros petite comité con amigas, cumpleaños, cenas temáticas, fiestas de disfraces, etc. Supongo que es precisamente esa naturaleza servicial la que me llevó a querer estudiar cocina y la que luego me hizo entrar al mundo de la hotelería. Una característica muy común de los que nos movemos dentro de estas industrias es que nos encanta la gente, estar alrededor de ella y reunirla.
Son innumerables los temas que me he inventado como excusa para unir amigos, cenas árabes, noches de pizzas, cenas tailandesas, noches de quesos y vinos, asados, cenas navideñas, fiestas hippies, brunchs, catas de cerveza, bares de ceviche, en fin, la lista es extensa.
Cuando vivía en los Estados Unidos decidí celebrar mis 29 años con una fiesta mexicana en el apartamento que compartía con 2 amigos. La lista de invitados estaba alrededor de los 35, esto sin tomar en cuenta los clásicos paracaídas que siempre aparecen, menciono esto porque el área de la sala y comedor de mi apartamento era bastante pequeña y el seudobalcón no medía más de 1 metro por 1 metro. Lo que obviamente para esta organizadora no fue impedimento para celebrar la mejor fiesta mexicana posible, y es que en general mi lema cuando se trata de celebraciones siempre ha sido: Mientras más, mejor.
Tenía margaritas de 3 sabores, diferentes cervezas mexicanas y la bienvenida se les daba a todos los invitados con un shot de tequila y un sombrero mexicano, incluso tenía piñata en forma de un burrito, que en algún momento de la fiesta hasta como pareja de baile fungió para algunos.
Por supuesto que no pudo faltar un buen menú mexicano, mi roomate que había estudiado su carrera universitaria en México me ayudó con este departamento.
Yo como buena panameña influenciada por los norteamericanos puse en el bufé cuanta cosa imaginable para colocarles a los tacos, crema, guacamole, pico de gallo, frijoles refritos, queso blanco y queso amarillo, nachos y tortillas de maíz para amarrarlo todo. Algunos de estos ingredientes más tradicionales que otros cuando de cocina mexicana se trata.
De más está decir que mi roomate estaba un poco escandalizado al ver algunos de los ingredientes unirse en un solo bocado.
Yo me reía porque me parecía un poco exagerado, pero él, inteligentemente, en algún momento me preparó un taco a su manera y en ese momento pude entender lo que le escandalizaba tanto.
Sencillo, una tortilla de maíz sobre la que colocó un poco de pollo con adobo de chipotle, pico de gallo, guacamole y un toque de picante, nada más. Al probar este, versus el recargado taco con frijoles, crema y queso amarillo al que muchos están acostumbrados pude entender por qué de su insistencia, algunas veces menos definitivamente es más, si los mexicanos lo han estado haciendo así por años sus buenas razones han de tener.
Soy fanática de la cocina “tex mex” y definitivamente pienso que probar y crear cosas nuevas es vital, pero a veces respetar las tradiciones culinarias de culturas milenarias nos da los mejores resultados y es que es por alguna razón estas cocinas son las que han sobrevivido los tiempos y traspasado las fronteras.