"Pensando que lo que uno coge no alcanza para nada. Ya que el presidente éste nos dio sólo 40 dólares de bonificación, yo les quiero pedir a los tres candidatos que cualquiera que salga para la presidencia sea más conciente que el presidente Pérez Balladares y se ponga la mano en el corazón y nos de por lo menos unos B/10.00 ó B/.15.00 mensuales y hablo para todos los jubilados", dijo la señora Isabel Esther Delgado, viuda de Pérez.
La encontramos en la garita pidiéndole a Teófilo la oportunidad de entrar para hacer una petición a través del periódico. Nos dijo que ella sabe lo difícil que está la vida y más si se es pobre, porque ella pasó mucho páramo y sufre por los que no tienen medios de sustento y más si son personas mayores como ella.
"Fíjense que la plata no alcanza. Cogemos B/. 20.00 y nos vamos a la tienda y con eso no compramos nada y uno va al Seguro y no hay medicinas y uno las tiene que comprar y están muy caras", expresó.
Siguió explicándonos que "yo tengo deuda por una hija mía que se me murió y aunque no tengo nietos conmigo, porque ellos tienen a su papá que se volvió a casar, yo tengo que pagar mi casa, luz, agua y otros gastos y eso que nos dan a los jubilados no alcanza para nada".
Vive en Juan Díaz, Ciudad Radial. "Mi casa es 74-6B. Tengo 76 años. Yo nada más llegué hasta el sexto grado. Lo que pasó es que yo me metí en una imprenta a ver y me puse a observar cómo trabajaba la gente. Y el señor me dijo: `¿Tú sabes hacer esto?" Y yo le dije, `no, pero puedo aprender después que tú me expliques" y entonces él me dijo `Ven" y me enseñó y me dio trabajo y me pagaba B/. 4.00 a la semana".
"Después yo tenía un amigo en la Imprenta Cervantes cuando estaba en Santa Ana y me contrató eventual. Para el mes de diciembre quedé sin plata, para fiesta de Pascua no tenía nada, quedé paradita. Después me preguntaron en Impresora, S.A. que si quería trabajar: Yo les dije `¡Cómo no, hijo, si yo tengo 4 hijos que mantener!". Allí me pusieron 22 años como jefa. Estaban el señor Efio y el señor Icaza".
Esta valerosa señora que se armó de valor y decidió venir a hacer un llamado de conciencia a quien gane la primera magistratura de la Nación en las elecciones del 2 de mayo, tiene 15 nietos y 9 biznietos.
"¡Ay, Dios mío, si yo estoy viejita!", exclamó de pronto cuando nos dijo que tiene 76 años.
"A veces me voy donde mi hija, para distraerme me pongo a cocinarle la comida o a lavarle. Un jubilado no puede estar comiendo y acostado, necesita estar en movimiento, caminando".
"El sábado decidí `tengo que ir al periódico y hablar. Lo que cojo son B/. 86 por quincena y eso no rinde. Después que uno paga las cuentas, ¿qué le queda? ¡Nada! Imagínese usted esa pobre gente que sólo recibe B/. 45.00 ó B/. 56.00".
Nuestra interlocutora posee un gran sentido de solidaridad, como se puede apreciar en sus siguientes comentarios: "Yo lo hago por todos los jubilados de la República, para que los tomen en cuenta. Me decía mi hijo: `mama no vaya, déjese de eso". Pero, yo decidí que tenía que venir. Porque, quizás me muera yo esta noche, pero yo voy a ayudar a los otros jubilados y quizás a los que vengan. ¿Cómo lo van a pasar los que vengan, que todo es contrato? ¿Cuál es la esperanza de las personas que lleguen a mi edad en el futuro si ahora las cosas están así de duras y nos pagan tan poquito? ¿Cómo van a vivir? Cualquier presidente que quede, que tenga estimación por nosotros y se ponga la mano en el corazón".
Continuó hablándonos de las viscisitudes que pasó cuando niña, adolescente y luego como madre. "Imagínese, que yo nada más que llegué a sexto grado. Mi mamá murió de 44 años y yo quedé cuidando a mis 6 hermanos".
"Como he tenido que luchar y he sido padre y madre de mis 4 hijos, y crié sola a todos mis hijos y a todos los eduqué, que son profesionales, creo que hay que hacer algo porque la vida es muy dura y para muchos jubilados que pasan mucho trabajo".
Ella se crió en Río Abajo, en Calle 14, "por la Barriada Remón Cantera, donde está la tienda La Sortija".
Para terminar nos pregunta: "¿Lo dije bien? ¿Hablé bien? ¿Usted cree que me harán caso?", y exclama: ¡Ojalá Dios los ilumine para que me escuchen!. A mí me duele mucho ver tanta gente sin trabajo y tanta pobreza y tanto niño descalzo. Me duele su hambre porque yo pasé mucho páramo y por eso yo veo por los demás. Y hay gente jubilada que recibe tan poco que la pasa mal".
Dios, sin duda, que escucha y lee corazones, le va a pagar con creces a esta buena y humilde señora su interés por el prójimo.