Está convencido de que Panamá es un país en donde está todo por hacerse, aboga por un constante reinventarse para poder vivir y convivir en sociedad. Máxime después de la reversión del Canal.
Y, por ende, hace su aporte, a través del lenguaje universal que es el arte pictórico, porque quiere ser protagonista y no mero espectador.
“Soy un transformador”, dice Radamés Pinzón y, como siente que hay un proceso de dicotomía, que “la organización social se ha ido desarticulando” y es urgente recuperar el ser panameño, empezar a elaborar un discurso nuevo, para lograr un novedoso enfoque de la ciudad, él aporta sus pinturas, sus imaginarios, su metáfora visual.
Es todo un filósofo. Anda hurgando dentro de sí, observando en su derredor, cuestionando, innovando.
Así piensa y actúa el pintor penonomeño de 34 años de edad, Radamés Pinzón, cuya inventiva y profunda reflexión acerca de la Patria, con sus dos caras, el Panamá verde, profundo, que necesita una inyección económica para progresar y no continuar rezagado, y la urbe, con sus gigantescas moles de cemento, donde para muchos es un invierno permanente, porque no han encontrado abrigo social, de sus congéneres, que se hacen de la vista gorda y oídos sordos ante sus necesidades.
El discurso se acaba, es hora de reinventar el mundo establecido es la posición de este innovador de las artes plásticas, que tiene en su haber varios reconocimientos importantes, como lo son el primer lugar del II Concurso Nacional de Artes Plásticas “Roberto Lewis”, en el 2006.
Radamés no es partidario de encajonarse, saca sus fantasmas, sus miedos y crea, crea, porque aunque ha sido un camino largo y difícil el suyo y el de la Patria, con su poesía visual apuesta por un futuro mejor para todos.