Variedades

Recorriendo el camino vivido

En la obra “El Camino Recorrido”, Rosario Arias de Galindo incluye recuerdos de Bella Vista.


La tenacidad y vivir con la verdad por delante son dos de las cualidades que han prevalecido en la vida de Rosario Arias de Galindo, quien presentó en un conversatorio entre amigos, su libro “El Camino Recorrido”.

Fue una amena tarde de té que logró reunir a quienes año tras año respaldan las obras sociales de Casa Esperanza. Un momento especial, por tratarse de una distinguida dama, que ha donado en su totalidad su obra literaria, con el propósito de recaudar fondos para los programas de la organización benéfica que trabaja por la niñez de nuestro país.

 

En un ambiente coloquial, doña Mami, como cariñosamente la llaman, recordó el corregimiento de Bella Vista, donde vivió por más de 20 años, y logró sentir la libertad extraordinaria, entre calles, parques y casas seguras. Esta libertad ha sido arrebatada a quienes aún sienten como suyo este corregimiento. Eran definitivamente otros tiempos, en los que les era permitido a ella y a los amigos de esa época bañarse en la playa y caminar largas distancias sin temor alguno.

Sin embargo, tanto a Mami Arias como a su descendencia se les ha privado vivir esa libertad a raíz de tantas construcciones y el modernismo que han ido destruyendo la vista al mar.

 

Cada vez más, los lugares de recreación en Bella Vista han ido desapareciendo, los apartamentos grandes con enormes balcones y pasillos se han ido reduciendo en centenares de apartamentos pequeños, dentro de una enorme estructura que no permite en su planos de construcción, más espacio que el necesario para los dueños. Hay más tráfico, pocos estacionamientos, y las casas del área con bellas construcciones europeas se venden al mejor postor, nos cuenta la autora de tan interesante obra.

La autora se lamenta de que muchas personas han dejado a un lado las experiencias vividas de la infancia, y se dejan consumir por la tecnología, que ha ido deshumanizando a la gente. Muchos no le dan el uso debido a estas herramientas de trabajo, que han esclavizado a las personas.

Expresa que si bien la computadora es algo extraordinario, puesto que ayuda a las personas a mejorar la habilidad de organizar sus ideas, el internet ha reemplazado sobremanera el contacto personal.

 

Vierte una dura crítica a los celulares, a los que denomina “perseguidores”, porque impiden que las personas vivan momentos de sosiego.

“Este objeto perseguidor se ha convertido en un artículo que define un estatus en la sociedad, aunque muchos no pueden pagar sus letras”, afirma.

Sus amigas de la infancia, como las nuevas generaciones que apoyan a Casa Esperanza, le preguntan a doña Rosario, qué les aconseja para poder vivir experiencias similares a las que ella vivió, y que les dé consejos a raíz de sus experiencias y vivencias.

 

Con sentido del humor, responde estas preguntas con anécdotas. Cuenta que sus mejores momentos, a diferencia de lo que varios esperábamos escu char, es aquel viaje que realizó a la selva. Desconectarse y vivir a expensas de los sentidos, disfrutar de los olores y ruidos propios de la naturaleza, es inolvidable.

Fueron días que le enseñaron con la práctica, a conservar la vida en todas sus expresiones.

Como defensora de la libertad de expresión, señala que debemos unirnos y hacer sentir nuestra voz e inquietudes sin temor de hacer el ridículo.

“Son tantos los problemas que nos aquejan en la sociedad, que nos olvidamos de que todos somos iguales, pero distintos”, agrega.

Doña Rosario nos exhorta a unirnos para defender los valores, rescatar a los niños, salvarlos de tanto modernismo y enseñarles a preocuparse por el prójimo.


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519086
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América