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Recuerdos de Don Nacho Quirós


Mi buen amigo, Don Félix Armando Quirós, me dice que su padre, el Licdo. José Ignacio Quirós y Quirós, cumpliría 100 años de edad el 11 de junio de este Año de Gracia en 1999.
Ante la próxima celebración del centenario del natalicio de quien fue mi jefe y dilecto amigo, he decidido dedicarle estos recuerdos de lejanos tiempos como un sencillo y merecido homenaje a su memoria.
Cuando a la edad de 17 años recibí mi diploma de Bachiller en Ciencias y Letras del Colegio de los Hermanos Cristianos de La Salle, en febrero de 1932, me dediqué a buscar ocupación en esta ciudad de Panamá. El trabajo que conseguí fue el de oficial -no recuerdo de qué categoría- en la Sección de Ingresos del Ministerio de Hacienda y Tesoro, en el gobierno del insigne estadista Dr. Harmodio Arias Madrid.
En ese tiempo el Ministerio de Hacienda y Tesoro contaba con una Sección de Ingresos y otra de Egresos. Esta última trabajaba directamente con la Contraloría General de la República. La Sección de Ingresos se encargaba de la recaudación de los impuestos nacionales y de tomar las medidas necesarias para evitar la evasión de dichos impuestos. Gozaba de cierta autonomía y su jefe tenía la facultad de imponer sanciones a las personas que tratarán de evadir impuestos por vía ilegal.
Cuando en el año de 1932 llegué a posesionarme de mi cargo en la Sección de Ingresos, ubicada en el Palacio Nacional, casco viejo de la ciudad, me encontré con el siguiente personal: como Jefe de Sección, recién nombrado, el Licdo. José Ignacio Quirós y Quirós, joven abogado, oriundo de Penonomé; Don Joel Medina, que con los años ascendió a posiciones de primera importancia en el mismo Ministerio; Everardo Alemán y un español de apellido Navarrete, hábil investigador de las declaraciones que hacían los comerciantes para introducir mercancías a Panamá; ello con el fin de impedir el contrabando.
Las impresiones que recogí de esa mi primera experiencia como servidor público fueron las siguientes:
a. Preparación académica para desempeñar el cargo.
b. Honestidad a carta cabal, lo que hacía imposible cualquier tentativa de soborno; debido a que esto desgraciadamente era y continúa siendo muy común de parte de comerciantes inescrupulosos y de funcionarios venales.
c. Consagración total a sus deberes oficiales.
d. Una personalidad afable con sus subalternos; quienes además de ser sus colaboradores inmediatos, nos convertimos en amigos que velamos en él no sólo al Jefe sino también al consejero personal.
Las resoluciones que dictaba el Licdo. Quirós como Jefe de la Sección de Ingresos, condenando a comerciantes inescrupulosos por tratar de burlar los impuestos de introducción, tuvieron una magnífica repercusión en la opinión pública nacional y todas fueron confirmadas por la autoridad superior.
Don Nacho Quirós, a pesar de la diferencia de edades, me distinguió con su amistad personal; y su destacada actuación como funcionario público causó en mi ánimo una profunda y favorable impresión.
De la Sección de Ingresos fui ascendido a la Sección de Egresos bajo la dirección de Don Rafael Benítez, también de muy grata recordación.
De la Sección de Egresos renuncié para ingresar a la empresa privada (West India Oil Co.) donde permanecí hasta octubre de 1936 cuando fui nombrado por el presidente de la República, doctor Juan Demóstenes Arosemena, adjunto a la Legación de Panamá en Washington, DC.
A fines del 37 la Legación fue elevada al rango de Embajada. Fui entonces nombrado Segundo Secretario de esa Misión Diplomática, lo que me permitió permanecer en la capital norteña hasta septiembre de 1940. Durante mi estadía en Washington aproveché las horas fuera de oficina para dedicarme al estudio de leyes en el "Washington College of Law", Facultad de Derecho de American University, donde me recibí como Licenciado en Derecho, en junio de 1940.
De regreso en Panamá, en 1940, continué prestando servicios en la Cancillería panameña hasta 1945 cuando renuncié al cargo de Segundo Secretario del Ministerio (hoy Vice-Ministro) para dedicarme al ejercicio de la profesión de abogado.
En el ejercicio de dicha profesión tuve la oportunidad de volver a tratar a Don Nacho, quien en ese tiempo prestaba sus servicios como miembro del Tribunal de lo Contencioso-Administrativo para luego fungir como Magistrado del Tribunal Superior de Trabajo.
Me fue muy grato entonces volver a constatar que Don Nacho continuaba prestando sus muy valiosos servicios a la Nación; en esta ocasión desde los Organos Judicial y Judicial Laboral.
Hombre de una gran sensibilidad social, sus fallos como Magistrado del Tribunal de Trabajo se inspiraron siempre en el principio cardinal de que la ley laboral es de carácter tutelar.
En mis visitas al Tribunal Superior de Trabajo con frecuencia mantenía interesantes conversaciones con Don Nacho quien, dicho sea de paso, era un gran conversador.
Luego, en los primeros años de la década del cincuenta, Don Ignacio fue nombrado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante el Gobierno del Brasil. En su incursión en la vida diplomática mantuvo siempre en alto sus principios de servidor público ejemplar: servirle a la Nación sin ánimo de provecho personal.
Años más tarde, cuando llegué a la Cancillería en mayo de 1958, se me presentó la oportunidad de hacerle un reconocimiento público a José Ignacio Quirós y Quirós y, con tal propósito, sometí a la consideración del presidente de la República, Don Ernesto de la Guardia, la concesión de la Orden Nacional de Vasco Nuñez de Balboa, al Licdo. Quirós. El presidente de la Guardia se manifestó de acuerdo con que el señor Quirós se merecía con creces esa distinción de parte del Gobierno Nacional. Y fue así como, en mi carácter de Ministro de Relaciones Exteriores, en una recepción ofrecida en un Salón del Hotel El Panamá, me tocó la muy grata misión de imponer a mi antiguo Jefe y dilecto amigo las insignias de la Gran Cruz de la Orden Nacional de Vasco Nuñez de Balboa, lo que constituyó por cierto una de las satisfacciones personales que me brindó mi paso por la Cancillería panameña: hacerle, porque en verdad se hizo, un justo reconocimiento a un hombre que podía ser y debía ser considerado como el modelo de servidor público.
A mí la actuación pública de Don Nacho Quirós me sirvió siempre de ejemplo y estoy seguro que igualmente lo fue para muchos otros jóvenes de mi generación.
Don Nacho, además de sus excelentes cualidades como servidor público, también fue un hombre de familia. Fundó un honorable hogar con la distinguida señora Doña Magdalena Ponce de Quirós, responsabilidad que cumplió actuando dignamente como esposo y como padre.
Hoy que llevo sobre mis hombros diez y siete lustros, permítaseme terminar este breve homenaje con mi saludo más cordial a los descendientes de Don Nacho Quirós; de manera muy especial a sus hijos Jorge Luis, Félix Armando, Sylvia Sofía, José Ignacio y Julio César, quienes han demostrado con creces que son, para su honra, legítimos herederos de las virtudes de su padre, nuestro querido Don Nacho.
Y dicho esto, mis votos porque la vertical figura de José Ignacio Quirós y Quirós sea para las jóvenes generaciones que han de sucederse, sólido pedestal y enhiesta columna sobre la cual haya de elevarse la grandeza de la Patria.


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63555
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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