Como una locura de una muchacha que no tiene sus objetivos definidos habrían calificado sus padres hace tres décadas la ilusión suya de querer hacer del arte una forma de vida.
Desde pequeña tenía el talento, en secundaria ganó concursos de pintura, pero...lo mejor, se dijo a sí misma, sería estudiar algo "serio" y después se vería si daba rienda suelta a esa vocación.
Titulada de economista se trasladó a Nueva York.
Pero, sentía un vacío. Empezó la búsqueda de ese algo que la llenase...Y el arte fue posible como profesión. Retornó a ese "viejo amor", porque siente que a través de la pintura su vida interna y espiritual son alimentadas. "La cuestión está en conectarse, en expresarme".
Y, lo hace mejor vía la pintura abstracta: "no es copiar la realidad, sino algo que salió de mí y no sé cómo plasmarlo. Me expreso más con el color que con la forma".
Sus favoritos son el amarillo, el azul y el morado.
María Paula, además, domina la escultura, la cerámica y el diseño de joyas.
Para la pintora de 50 años y madre de dos hijos, su arte es algo sanador. Plasma en el lienzo todo el rango de emociones (dolor, ira, alegría, tristeza...) "sin estar juzgando lo que sale".
Siente que hace falta un patrocinador que apoye verdaderamente a los talentos del patio para que desarrollen una amplia carrera.
No pierde la esperanza de que aparezca un mentor que lo impulse para que en su caso no se cumpla el dicho de que " nadie es profeta en su propia tierra".
El Concurso Nacional de Pintura fue creado mediante resolución No 09 del 11 de julio de 1980, con fundamento en la Ley No 63 del 6 de junio de 1974.
El jurado calificador estará conformado por tres miembros de reconocido prestigio y conocimiento en el ramo.
Podrán ser nacionales o extranjeros.
Las obras premiadas quedarán como patrimonio del Instituto Nacional de Cultura.