Oportuno es compartir un día tan especial como hoy, conceptos emitidos por el Dr. Dennis Cardoze.
El Dr. Cardoze tiene más de tres décadas de experiencia. Obtuvo su título en Medicina en España, donde se especializó en Pediatría y luego en Psiquiatría y Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Hace 26 años trabaja como especialista en el Servicio de Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Es autor de "Educación hoy: una visión crítica", "Temas de Psiquiatría y Psicología del Niño", "Psiquiatría Infantil y Juvenil con orientación para docentes", "Texto Básico de Psiquiatría Pediátrica" y "Escalas Clínicas en Psiquiatría Juvenil".
Respecto a la necesidad de que haya una colaboración entre hogar-escuela y comunidad, que parecieran a veces estar divorciados, es su parecer que éste es un aspecto básico en la problemática educativa.
"No existe una clara definición de cuál es el objetivo final de la formación escolar de hoy. La utilidad del proceso educativo parece estar en función de quienes la propongan. Así, para los que rigen sus vidas por el pragmatismo a ultranza, lo importante es formar personas que se adapten a las demandas del mercado mundial y de la tecnología; todos los conocimientos que no vayan en última instancia a promover esta clase de ciudadanos están de más, y por tanto, deben eliminarse para dar cabida a lo "práctico". Otros, sin abjurar de esta posición, añaden que la escuela debe formar líderes, concepto que puede tener varias acepciones, aunque probablemente se quiera decir con esto, individuos que puedan responder a la globalización del mercado de una manera integral y flexible, pero siempre dentro del marco del desarrollo económico; se trata de una mentalidad "desarrollista" según la cual lo que prima es la producción y la acumulación de bienes materiales", planteó el Dr. Cardoze.
Añade que "no existe así una armonía entre lo que en realidad debe ser la formación escolar y el tipo de ciudadano que realmente necesita el mundo de hoy. Precisamente, en sociedades como las modernas en las que la convivencia diaria está plagada de violencia, de consumismo, de vulgaridad y otros vicios, la escuela, si quiere formar personas para el mundo de hoy, lo que debe perseguir es la integralidad para crear un mundo mejor, donde valores como la paz, la tolerancia entre naciones y razas, el apoyo mutuo, la superación de la pobreza y la ignorancia, y la espiritualidad sean los que imperen".
Explica que "esa integralidad significa la promoción de un estudiante que combine en armonía los conocimientos científico-técnicos, con las humanidades y una sólida formación ética; que tenga claridad en las prioridades y en su responsabilidad en la instauración de una sociedad mundial más civilizada y buena para todos".
Él no resta importancia "a la formación tecnológica y la necesidad de que los centros escolares preparen mejor a los jóvenes para que puedan integrarse a las cambiantes condiciones laborales y económicas mundiales", pero, piensa que la escuela debe formar individuos "para quienes el desarrollo económico y el trabajo diario no sean más que los medios para alcanzar la virtud plena, el estado de bienestar más completo, de cuerpo y alma, que por supuesto no puede dar ese utilitarismo, no raras veces tosco y ramplón, que parece distinguir a las llamadas reformas educativas propuestas por algunos sectores de la sociedad. Desde este punto de vista sí creo que existe una especie de divorcio, o mejor, de desarmonía entre lo que muchos sectores de la sociedad esperan de la escuela y lo que esta debe ser".