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Regalos no compran afecto ni respeto

Los padres, sobre todo adolescentes, quieren ser amigos de sus hijos, compartiendo juegos y hasta ropa. Pero para imponer autoridad hay que establecer ciertas diferencias.


Marlina López (marlina.lopez@epasa.com) / PANAMA AMERICA

De interés

  • Hay niños que logran dejar atrás carencias de afecto y regalos para desarrollar una vida con valores y principios.
  • Las empleadas asumen roles que no les competen, suplantando a los padres en atención y afecto. Incluso muchas de ellas acompañan a los niños a buscar sus juguetes.
  • Los chicos están creciendo sin valores, porque no se les presta atención ni se les enseña a valorar las cosas.
  • Se está formando una generación que mide afectos con complacencia.

Los regalos son muestras tangibles de amor y afecto, de reconocimiento y aprecio. También en el caso de los hijos, son una compensación al buen comportamiento y la obediencia.

En diciembre, con la Navidad, el deseo de demostrar los afectos a través de regalos aumenta. Es casi “normal” ver los carros llenos de cajas coloridas con grandes lazos. Adultos dando vueltas por las secciones de juguetería y este año también por las de entretenimientos tecnológicos, en busca de lo que les gusta o quieren los niños.

Sin embargo, los regalos, en vez de una muestra de afecto, pueden convertirse en muestra de obligación.

De acuerdo con el investigador social Gilberto Toro, hay padres que llevan regalos a casa como una obligación de mostrar su calidad de vida, de devolverles a los hijos el esfuerzo de su trabajo y compensarlos por el tiempo fuera de casa.

“He aquí el dilema de calidad y cantidad de tiempo para los hijos. A pesar de muchos estudios, no se ha podido determinar cuál de las dos circunstancias es la más importante y necesaria para el buen desarrollo de los hijos”, señaló Toro.

Agregó que algunos padres asumen que llevando regalos a casa invierten en calidad, y los que supervisan en casa dan cantidad de atención, y puede ser que a algunos padres les funcione. Pero cuando son madres solteras, como hay tantas, la calidad más cantidad y los regalos en casa no existen.

Calidad de atención, más que de tiempo, no es satisfacer las necesidades del niño y complacerlo, es la buena conversación, compartir. Pero no en un interrogatorio de 30 minutos preguntando qué hizo o no en el transcurso del día, lo que da pie a que los hijos mientan por quedar bien, indica el especialista.

Compartir “es conocer al niño, compartir con él, aclarar sus dudas, enseñarle, acompañarlo”, sostiene el investigador social.

En sus estudios de menores en alto riesgo, el especialista destacó que ha experimentado que el 98% es consecuencia del abandono de los padres, y cuando la figura masculina abandona el hogar, desaparece la autoridad. Sin embargo, el padre trata de compensar la ausencia con regalos y la madre deja por sentado que basta con los cuidados que ofrece, entonces se pierde la real conexión que debe existir entre padres e hijos, en la que los regalos materiales son una adición de amor.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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