Desde este espacio, con paredes de cristales claros, lámparas de diversas formas y tamaños, butacas modernas de tonos oscuros y mujeres que entraban y salían de la parte de atrás del salón, con la cabeza cubierta de papel aluminio, escribía las preguntas que Nadia me respondería cuando se levantase de una butaca, que solamente me dejaba verle el hombro y un pedazo rojizo de la blusa.
Respetando sus condiciones iniciales, acordadas vía celular: esperar que terminase su laboratorio de Química, a las 3 de la tarde, para luego irse a peinar y maquillar a su salón de belleza.
Cuando tocamos el timbre y preguntamos por ella, nos dijeron que sí, que ya había llegado. Para asegurarme de que era cierto, miré entre unas mamparas para ver si estaba allí la reina de Calle Abajo de Las Tablas. En ese intento no vi a nadie.
Las clientes cuando terminaban de arreglarles el cabello, salían sonrientes, moviendo las melenas de un lado para otro diferente a las que llevaron, antes de tumbarse en los sillones negros.
Por el tono de voz que utilizó a través del celular, supe dónde se encontraba. Lo que no sabía era quién la atendía. Dos o tres peluqueros entraban y salían llevando frascos en las manos.
Pocos minutos antes de las seis de la tarde, y también moviendo el cabello para los lados, Nadia Villarreal salió hacia la salita de espera. En ese ni en otro momento, dejó ver que tiene solamente 17 años, lo que proyecta es que es una santeña de cédula número 7, que no ha cambiado nada en estos meses (desde diciembre) que vive en la capital para cumplir con las actividades del reinado y con los cursos de la Ingeniería Civil que estudia en la Universidad Tecnológica de Panamá.
En sus palabras.
Desde que tenía un año, ya estaba en los carros alegóricos, recorriendo las calles de Las Tablas. Considera que "con eso se nace, se lleva en la sangre. Mi familia siempre ha llevado eso en su sangre". El que la subía al carro era el propio padre que, desde que su hija nació supo que sería reina.
Sobre el porqué de estudiar una ingeniería, dijo:
Un abuelo y algunos tíos son ingenieros civiles y electrónicos, razón esta por la que optó por esta carrera y así aprovechar el "boom" de este sector.
Ey! ¿Qué diferencia una reina de otra? N.
Cada una tiene sus cualidades, su personalidad, su carisma, somos diferentes y cada tuna quiere a su reina como es. Para representar una tuna tiene que haber belleza, pero la llave que lleva al éxito es el carisma.
Ey! ¿Se sabe quién es la reina antes del carnaval anterior? N. En Las Tablas, como es un pueblo pequeño, todo el mundo sabía que iba a ser la reina. Pero en Panamá, yo jamás pensé que sabían quién era yo, y cuando llegué, la gente me pregunta: eres la reina.
Ey! ¿Cómo ha sido ese cambio del campo a la ciudad? N.
Extraño mi pueblo. Fue un cambio radical, como el del colegio a la Universidad, y más si es Tecnológica, hay que saber organizarse, pues cuando te gusta algo, se puede.
Ey! ¿Hay que vivir cerca de Punta Fogón? N.
Mis padres se mudaron a Punta Fogón, pero soy de El Cocal de Las Tablas, a unos cinco minutos.
Ey! ¿Cuánto dinero tienen que reunir? N.
Aproximadamente un cuarto de millón de dólares, que se recauda de las actividades que hacemos durante todo el año.
Ey! ¿Cómo te ves en cinco años? N.
Todo una ingeniera, construyendo casas, edificios, carreteras.
Ey! ¿Cuáles son tus pasatiempos? N.
Me gusta estar con la familia, y leer, aunque mi libro favorito es Juventud en éxtasis, volumen I y II, creo que todos los libros son buenos. Me gusta la salsa y la música de Osvaldo Ayala.
Ey! ¿Cuál es el ritual de una reina? Tengo que hacer ejercicios tres veces a la semana. No hago dieta, mantengo mi peso de 113 libras.
Cuando finalizamos la entrevista, cayendo la noche sobre Plaza Edison, dejamos a la reina frente al mostrador del salón, hablando con su peluquero, moviendo su larga cabellera de un lado a otro.