Variedades

Remembranzas bajo la luna

Ópera sazonada con otras artes. Entre mimos, malabares, globos, barquitos de papel...mucha nostalgia.


Fue una vuelta a la Francia de los años 50, con el espectáculo Le reve de Madame Clémence (Sueños de Madame Clemence) quien en las celda de su corazón aprisionó momentos irrepetibles con su amado y cerró con tres vueltas de llave. Allí reposa un bello sentimiento, un amor con raíces profundas. Un amor que es como la siempreviva.

Presa de sus recuerdos, gritaba sus ayes al viento, con la luna, coqueta, como testigo.

La luna, que de cuando en cuando asomaba su redonda y luminosa cara. Abría el cerrojo de la noche y era casi como un guiño, un visto bueno a la danza de recuerdos, sueños y sentimientos en una Madame Clemence que cual viuda negra vivía y revivía un duelo eterno como su amor perdido.

 

Una noche de misterio, de tristeza, de arañar el ayer, de regar con lágrimas ese largo vestido negro, tan negro como la noche sin luna y estrellas cuando, coqueta y esquiva, la luna se escondía entre las nubes. Allí, con su traje almidonado, se quedaba dormida recostada a una butaca roja Madame Clémence y en sus sueños, su mente se alojaba en el aposento de los recuerdos. Eran vivencias que revivía, como un largo túnel, como una noche interminable, como un dolor quemante, que la aguijoneaba, ahora, sin él, sin su amado.

Pero, un mimo la mimaba, la calmaba, casi quería acunarla...era el rostro del amor.

En este rejuego de la vida, en el mundo del ser y no ser, del querer y no poder, del reír cuando se quiere llorar y llorar cuando reír, ese mimo que conquistó su corazón, que tocó esas fibras cuasi adormecidas por el dolor, revelan que el amor es como las teclas del piano que necesitan de un pianista experto que las afine. Entonces, regalarán su mejor sonido, como el de una herida que ha cicatrizado, el del roce del traje blanco de la luna cuando corretea entre nubes, jugando al te veo, no te veo, me ves, no me ves...

 

Dramaturgia, ópera y malabarismo se complementaron para que la ópera brillara y los ojos y oídos glotones de una selecta audiencia gozaran con un abanico artístico en un Teatro Nacional de cuyo techo bajó, de pronto, una Eleonora Dall’ Asta, de Italia, quien con sus acrobacias demostró por qué es una maestra de la danza aérea que ha triunfado en Inglaterra, Dinamarca y Panamá.

Uno tras otro, los personajes de Le reve de Madame Clémence (Los Sueños de Madame Clemence) fueron transportándonos al mundo de la bella mujer desconsolada que entre maraña de recuerdos y sentimientos que atesora ve pasar sus días y noches que son como una noche sin final, como su pena, como su duelo...

Un revisar el cajón de los recuerdos amalgamados con nostralgia es arte compartido por Madame Clemence y el mimo, lloroso también. Él en su mano sostiene globos blancos.

 

Canto a dúo, tonadas del alma, danza, caricias y besos tras un paraguas negro. Entonces, finalmente, suelta los globos blancos que van a saludar a la luna. Allí, en la sala, al abrigo de la noche, donde sirven de alfombra avioncitos blancos de papel que pudiesen ser también barquitos de papel que navegarían en el caudaloso mar formado por las lágrimas de ambos.

Mientras se da este dialogo mudo y luego el dueto canta, al fondo, se proyectan videos donde la luna danzaba entre nubes y luego se fue a acostar.


fecha edicion
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355312
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América