La idea de que la gente necesita respetar elaborados códigos de etiqueta se pone y pasa de moda, pero tras décadas de lanzar y olvidar convencionalismos sociales la gente parece otra vez estar buscando reglas.
El problema es que en nuestro afán colectivo en las últimas décadas por "decirlo como es" y "actuar de acuerdo a nuestros sentimientos", de alguna forma olvidamos las reglas, aun cuando todavía se apliquen.
Forjadas en el último siglo antes del movimiento de liberación femenina, multiplicación de los divorcios, la falta de respeto, la ira ante el volante, la Internet y la generalizada práctica de ignorar el RSVP (Confirme Si Vendrá Por Favor) ya nadie se siente identificado con ellas.
Pero justo aparece la gurú de la etiqueta, Judith Martin, cuya columna, que firma como Miss Manners (Señorita Buenos Modales), se publica en más de 200 periódicos de todo el mundo.
Martin no deplora la actual anarquía de comportamiento, pero admite que es un agradable pasatiempo y tiene algunas ideas para mejorar nuestras vidas, por lo que ha escrito un libro que pretende ayudarnos a no tener que ir a los tribunales para resolver disputas grandes y pequeñas.
"Estamos saliendo de muchas décadas de estar expuestos a los sentimientos desenfrenados, no sólo en lo que se dice, sino en lo que se hace", dijo la experta.
"Hemos exaltado al individuo y dicho que cualquier cosa que refrene los impulsos de una persona está mal y equivocado. Algunas de esas personas están armadas?. Queremos realmente que actúen de acuerdo a sus sentimientos? Si uno quiere llevarse bien con la otra gente, necesita regulaciones".
PORTESE CORRECTAMENTE EN CASA
Basada en la columna de Martin, que responde preguntas de los lectores sobre etiqueta, su "Miss Manners" Guide to Domestic Tranquillity" (Guía de Miss Manners para la tranquilidad doméstica) trata la erosión de la vida hogareña, que considera una de las manchas que dañan a la sociedad.
Las vulgaridades que los norteamericanos han visto desde hace mucho en la vida pública han invadido ahora nuestros hogares, dijo a Reuters, muy cortésmente, en una entrevista.
La vida privada, considerada en otros tiempos un dichoso refugio del duro mundo comercial, la competencia y la connivencia, ha llegado a ser extensiones turbulentas del centro de trabajo, con los mismos malos modales, el esfuerzo por superar a la otra gente y las relaciones impersonales.
La vida privada de hoy puede estar cargada con el uso inapropiado del teléfono celular y la Internet, las tensiones de las familias mezcladas, declaraciones de derechos individuales, competencia entre cónyuges, lealtades destrozadas y una ética de trabajo de 24 horas, agregó.
Al mismo tiempo, la gente de afuera mira hacia adentro y quiere establecer las reglas.
"¿Qué le ha pasado a la vida privada que sostiene a la gente, que realiza funciones que la sociedad hace mal o no hace, que proporciona el bastión de apoyo a la gente en sus vidas?", preguntó Martin. "Eso se ha convertido en una especie de lujoso detalle secundario".
Cualquiera sea la razón, ya sea la ambición u otro catalizador, la ética de trabajo en Estados Unidos se ha vuelto una locura.
La gente lleva trabajo a casa, organiza fiestas de trabajo en lugar de reuniones familiares, socializa con compañeros antes que con amigos y deja de lado o abandona a los parientes que no puede actuar de acuerdo con sus normas, indicó.
VIDA HOGAREÑA HORRIBLE
El deterioro de la vida hogareña significativa, así como el servicio cívico y filantrópico, no ha sido ayudado por las mujeres que dejan sus papeles tradicionales como guardianes de la casa para ingresar en la fuerza laboral, dijo Martín.
"Yo no simpatizo con la gente que dice "vamos a derribar ese sistema antiguo". La respuesta es rediseñar el lugar de trabajo para que la gente tenga una vida laboral y una vida privada".
¿Cómo se puede hacer eso? Entre los consejos del libro de 372 páginas de Martín figuran los siguientes:
No traiga los problemas de la vida laboral a la casa. "Esta actitud de que si uno no es satisfactorio tiene que irse" es deplorable, de acuerdo con Martín.
"Los valores del lugar de trabajo son en muchas formas opuestos a los que se supone hay que tener en casa. Mientras menos capaz es la persona, el enfermo y el anciano son a quienes uno tiene que ayudar. No hay que deshacerse de ellos".
Los psiquiatras son buenos, pero no lleve todos sus problemas comercialmente a consejeros de penas, psicólogos u otros profesionales. En vez de eso, vuelva a disfrutar de los placeres de la vida familiar.
"Yo sólo estoy diciendo que se siente por ahí y oiga a otra gente", aconsejó la experta. "Se supone que la vida familiar sea su sistema de apoyo. Esas son las personas que se supone que lo apoyan a uno, ayudándolo, dándole el beneficio de su sabiduría, de su amor y de todo ese tipo de cosas".
No ponga al trabajo antes que su familia cuando esté en casa. "La urgencia de un mensaje instantáneo en la Internet de un extraño no debe tomar precedencia sobre las necesidades de un miembro de la familia o de otra persona que esté compartiendo su hogar", subrayó.
"Uno quiere reglas con las que la gente esté de acuerdo. Si son muy contrarias a las reglas de la sociedad más amplia, eso hace más difícil para la gente vivir armoniosamente y cambiar sus modales cuando sale".
Aunque no establece tendencias, Martín dijo que ella ve a la sociedad moviéndose a una fase más estructurada.
"Siempre soy optimista al esperar que aprendamos en la última espiral y no tener una situación que sea tan estructurada y rígida que la gente se rebele contra ella".