Fundador, en 1993, del Círculo de Lectura de la USMA, que, según él informó, en una década "presentó más de 40 libros, editamos más de 25 obras de autores panameños y de otras latitudes", Ríos Torrres, incansable abogado del derecho del individuo a leer, ahora coordina el Círculo de Lectura Guillermo Andreve, que los sábados se reune en Exedra Books.
Él se puede vanagloriar de que gracias a que ha sabido transmitir ese entusiasmo por la lectura, jóvenes como María Gilma Arrocha, Errol Caballero, Eloy Fisher, Javier Riba Peñalba, Ramón Francisco Jurado, no sólo han invertido horas y horas atrapados por el magnetismo de la literatura en todos sus géneros sino que también han dejado aflorar su talento como escritores que ya han sido "descubiertos" por otros ávidos lectores.
Ríos Torres defiende a capa y espada la soberanía del lector. Es él quien decide qué leer, cuándo, cuánto tiempo, en qué lugar y quien, a su vez, se involucra más o menos en lo que lee. Distraerse, emocionarse, sacar lo humano que tiene dentro de sí, autodescubrirse, compartir, aprender, crecer, todo eso es posible gracias a la lectura. Ríos bien lo sabe y tiene un especial talento y carisma para motivar a otros a hallar esos caminos y mundos a donde la palabra escrita puede transportarnos si nos dejamos conducir. Democratizar la lectura, es necesario, dice una y otra vez Torres, porque los libros son avenidas hacia el progreso, permiten que el conocimiento universal llegue a gente de todas las edades, incrementan el vocabulario, ayudan a desarrollar el pensamiento crítico y son puentes interculturales.
Autor de más de una decena de obras, el escritor y docente universitario es un caballero a carta palabra y sus amigos siempre pueden contar con él.
En buena hora el Círculo Cultural Anita Villalaz premiará su aporte al país, como lo hizo en el 2002 la Cámara Panameña del Libro al otogarle la Pluma de Oro.
Aunque no va al arroyo con frecuencia, sólo durante el periodo de lluvias, es un paliativo frente a las dificultades por la que atraviesa.
Guiados por Eusebio, un niño de 9 años, estudiante de la escuela Valle de Urracá, ubicada a unos 250 metros de la Junta Comunal, nos dirigimos a la comunidad de Alto de las Torres bajo una pertinaz llovizna que ablandó el suelo mientras subimos por estrechos puentes e improvisadas escalinatas.
Allí conocimos a su madre, Elidia Sánjur, luego de caminar unos 150 metros de distancia que representó casi la mitad de un elevado cerro que permite conducir el tendido de alta tensión.
"Para nosotros obtener el agua potable es una odisea -advierte Elidia, en el portal de su humilde vivienda-, ya que debemos bajar con los cubos, cruzar la calle y pedirla, porque una persona que vive a orilla de la vía, nos la proporciona. De allí en adelante, debemos subirla poco a poco, debido a que el esfuerzo es grande".
Ella debe obtener agua para cinco personas que viven en su casa y, hasta el momento, mantiene la reserva de cinco tanques de 60 galones cada uno, como resultado de los últimos aguaceros. Su única preocupación es el agua de beber, según nos cuenta de forma espontánea.
El proyecto de la Línea Oriente busca beneficiar a 539,000 personas y esta interconectado con la Línea Paralela.
Esto permitirá, una vez culminado, que el aumento de agua de la Planta Potabilizadora de Chilibre, pueda ser traslada a las áreas de Tocumen y San Miguelito.
La falta de planificación urbana es la principal razón de que no existan redes de distribución en varios sectores del Distrito de San Miguelito, ocasionando deficiencias en el sistema.