Es así como algunas personas se comen doce uvas el 31 de diciembre, justo cuando pasamos el calendario y entramos al nuevo año. Guardan sus semillas como si fueran amuleto y las cuentan para jugar el número de la suerte en la lotería.
Otros, con espíritu aventurero, preparan un equipaje, como si realmente fueran de viaje y cuando las manecillas del reloj llegan a las doce de la noche, salen de casa con maleta en mano, sin mirar atrás y con la idea de que se irán lejos.
Dicen los supersticiosos que este dato es buenísimo para quienes desean estar de un lugar en otro el año que entra y para los amantes de hacer turismo.
Estas dos prácticas son muy comunes y tradicionales en esta época.
Así también colgar un racimo de arroz detrás de la puerta y amarrarlo con una cinta roja hará que nunca falte el alimento en ese hogar.
Existen otras supersticiones menos conocidas como lo son la quema de los judas o chalecos viejos que no son más que los muñecos rellenos de trapos que durante estos días se ven a la orilla de la carretera que va hacia el interior del país.
Se dice que al prenderlos se quema lo malo para que llegue lo bueno. Este "ritual" es muy común en nuestra campiña.
Sin embargo, estas prácticas van de lo exagerado a lo simple. Tal es el caso de quienes el 31 en la noche se ponen ropa interior amarilla, vestido rojo, algo nuevo y hasta se bañan con infusiones preparadas para la suerte.
Es así como nacen una gran cantidad de baños. Unos muy fáciles de preparar, otros costosos y con fuertes fragancias. Frutas, hierbas, esencias y pociones los conforman.
Sin importar mucho su procedencia o los ingredientes de los mismos, durante esta época nombres tales como: acuéstate conmigo, siete poderes, azar y dinero, quiéreme mucho, no me olvides y otros, se venden por montones en las casas esotéricas.
Así también los inciensos. Y es que la cultura de los olores o terapias de olor, han entrado con gran impacto. Un sahumerio acompañado de oración no está mal para comenzar el 2005.
Y entre tantas prácticas insólitas, hay quienes van durante el día 31 (último del año) a la playa. Se bañan y al salir tiran al mar unas monedas o centavos, no se mira atrás y se sigue el camino decidido.
El 31 es un día clave para los amantes a estas supersticiones. Una buena limpieza y trapeada a la casa con jugo de limón y hojitas de una planta llamada ruda es "muy buena" dice Elvira, una ama de casa que le tiene fe a esta limpieza.
Otra limpieza es la que se hace con añil, vinagre y vino blanco. Se dice que es excelente poción para acabar con las energías negativas que puedan estar rondando el hogar.
Estos días que quedan antes de acabar el año, son buenos para limpiar la casa. Bote todo lo viejo, lo inservible, lo que está guardado desde hace tiempo y no cumple ninguna función; se dice que así estará haciendo espacio para que lleguen a su morada nuevas y mejores cosas.
Hay que botar las flores de plástico, asegura Shela, y dejar espacio en los floreros para plantas naturales que llaman la vida que hacen alusión a la naturaleza y a su increíble fuerza.
En la cena de año nuevo deben haber frutas como símbolo de prosperidad alimenticia. Algunas personas acostumbran a poner pescado frito como invocación a que nunca falten los alimentos.
También hay quienes colocan monedas debajo de las bandejas de comidas que están en las mesas. La idea es que nunca llegue a faltar el dinero en el año venidero.
Albahaca verde y roja (un poquito), hierba buena, 9 rajitas de canela, 33 clavos de olor, 9 cucharadas de azúcar, 1 botella de la champaña de su predilección, tres manzanas rojas y tres peras partidas en cruz.
Hierva todo los ingredientes mencionados y añada un frasco de destrancadera, uno de quereme, y uno de abre camino.
Se cuela todo.
El baño sirve para tres personas y debe aplicarlo de los pies a la cabeza pidiendo por su bonanza y prosperidad.