Rosalina Orocú Mojica
De hoy en adelante, cuando vayan por las calles, sea a pie, en auto, moto o bicicleta, anden con los ojos bien abiertos, porque pudieran tropezar con una masa gigantesca y si está obscuro no percatarse de que se trata de un elefante, que está desaparecido y reportado.
Se extravió en Honestilandia. No se sabe si alguien habrá querido engrosar su presupuesto comercializando los colmillos del paquidermo o esté haciendo “elefantes calientes” para venderlos como otra opción para paliar el hambre de aquellos que de tanto comer huevos y pollo ya están que cacarean y el salario no les da para el pescado ni el cerdo.
La desaparición de ese mamífero pareciera preocupar a una ONG internacional que precisamente debate la realidad mundial desde un país que es la madre de otros que quieren emular todo lo que este hace. Aciertos y desaciertos. Como los niños a los padres, aunque muchos no sean ejemplos dignos de ser imitados.
Pero, para curarse en salud y que nadie piense que son honestilandeses, estén alertas y no duden en avisar a las autoridades- si ellas no hacen nada, lávense las manos como Pilatos- podrían salvar a Honestilandia. O, al menos, el pellejo de alguien.
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