El hábito de tener un médico de cabecera, es decir que atendiese a todos los miembros de una familia, se ha ido perdiendo.
Esta figura es quien asume el rol de conocer a fondo al paciente, sus circunstancias y su entorno, para poder orientarle sobre sus problemas de salud y decidir, junto al propio paciente, un tratamiento a seguir y los objetivos a lograr, señala la doctora Ángela Gutiérrez.

Que sus pacientes reciban los mejores cuidados posibles, es el objetivo de este profesional.
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Labor decisiva
Contar con esta figura es primordial, ya que no solo atenderá sus consultas sino que también será un intermediario en caso de que necesite la opinión de otro médico, y así este pueda actuar lo más pronto y preciso frente al malestar, explica Gutiérrez, ya que este lunes 21 de mayo es el Día del Médico.
Su rol se enmarca en hacer diagnósticos, efectuar las curaciones, prescribir recetas, ofrecer consejos y orientación y controlar los gastos sanitarios; además de intervenir en el ámbito de la prevención.
Para muchos ir al médico no es muy agradable, sin embargo, tener un médico de cabecera hace más fácil el proceso cuando le aqueje algún mal, comenta Gutiérrez.
Sin embargo, decir que es bueno tener un médico de cabecera no significa que debe estar en el médico todas las semanas, pero sí con cierta regularidad, ya que se pueden diagnosticar males graves con anticipación, señala el médico general Rubén Rodríguez.
En este sentido, admiten que hallar un médico de cabecera no es una tarea fácil, al final de cuentas, es a él a quien le confían sus vidas y la salud de su familia. A la hora de elegir debe hacerlo con total compromiso y seriedad.