Variedades

Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com)

La Exposición "Carlos Arboleda Siglo XXI", en la Casa Matriz del Banco Nacional, evidencia una etapa en la producción artística de uno de los pintores, grabadores y escultores más prolíficos de Panamá.


En amena tertulia de tres horas, nos pone al tanto de algunas interioridades, satisfacciones, inquietudes, anhelos y proyectos.
"El índice de cultura en un país se mide por el desarrollo de las artes. El gobierno debiera darle una pensión a los artistas que han tenido una cierta notoriedad (por lo menos unos B/. 10.000 mensuales), y no esperar homenajes póstumos. Hay artistas que viven muy mal", plantea.
Enfatiza que hay que enseñar a niños y jóvenes la apreciación por el arte: la pintura, el teatro, la música, la escultura, la literatura. Enseñarles a hacer polleras, cutarras, correas..
Opina también que debería haber más centros de arte y cultura. "En toda la nación, para que vaya todo el mundo, hasta amas de casa. Y a los que tienen talento artístico deberían otorgarles becas para que vayan a perfeccionar su arte en las mejores escuelas del mundo".
Le complace que Ana Luisa Williams (Casa Cultural Huellas) y Martínez (Ganexa) hayan seguido sus pasos. Desearía que más personas los imitasen.
Le gusta vivir bien, comer bien, tener un buen carro. Puede hacerlo. Su arte se vende bien. Dentro del país y allende las fronteras.
Con "Piel Adentro", una de las diez esculturas que exhibe en la Casa Matriz del Banconal, ganó en 1966 el Premio George Rudiel, en la Bienal Internacional de París. El único premio internacional de escultura que posee nuestro país.
Carlos Arboleda tiene ochenta años. Se ve mucho más joven. Se lo debe a la natación y a la constante catarsis que representa para él la pintura y escultura.
Es entrada la tarde. El horario marca las 5:30 p.m. Junto a la piscina, en su taller en Río Abajo, nos habla de cómo se inició en las artes cuando tenía 4 años. Y de la manera en que ha ido evolucionando como artista. Se lamenta del desapego en Panamá por la escultura y nos actualiza sobre los adelantos en el proyecto Museo Carlos Arboleda.
"Donaré miles de obras para las futuras generaciones. Obras de distintas épocas y estilos", explica.
Más tarde, subimos al taller. Sobre una mesita, nos recibe un busto del presidente Harmodio Arias. Al ver nuestra expresión de sorpresa, el artista nos dice: Éste y el de Penonomé son míos. En total, hice seis. Es de mármol y bronce. También son míos el de Doña María Ossa de Amador, el de Don Bosco y la escultura en el Palacio Justo Arosemena."
Nuestros ojos se llenan de arte. Por doquier, se respira arte, amor por el arte. En paredes, repisas, mesas, álbumes fotográficos, catálogos, recortes de periódicos, revistas..
Vemos aquí y allá pinceles, bocetos, pinturas, esculturas (en bronce, mármol, madera, piedra..), libros de arte en español e inglés.
Podemos constatar que, cuando habla de que su legado al país es de miles de pinturas, esto hay que tomarlo al pie de la letra. Al menos cuatro habitaciones del taller están llenas de obras suyas. Cuando íbamos de una sala a la otra conocimos al viejo Rocky. El can nos siguió un trecho. Luego se echó. "No le tenga miedo, es un perro tranquilo. No muerde. Está enfermo. Lo acaban de operar". Más tarde fue el turno de conocer a Ricky. Más pequeño, pero igual de amistoso.


Revisamos álbumes de todos los tamaños, que recogen recuerdos de la vida familiar y artística de Arboleda en Panamá, América y Europa. Aparece con destacadas personalidades del mundo intelectual, político y diplomático: Rogelio Sinán, Aristides Royo.
Es un cuarto para las siete. Recoge unos objetos personales. La jornada de trabajo terminó por hoy. Estamos listos para partir. Así se lo hace saber a su sobrino Carlitos. Van camino a la casa del pintor y escultor en Los Ángeles.
Cambia de opinión. Nos convida a tomar el té.
Mientras comparte unas hojaldres y un té de canela con nosotros, que preparó Carlitos, vemos las noticias vespertinas del viernes. Sale al tapete el tema de las ampliaciones al Canal. Se lamenta de lo sucedido a Maribel Cuervo de Paredes. "Es una mujer admirable, como Mayín Correa. Ambas lo siguen haciendo muy bien en la radio", comenta.
Muestran a Agustín Colamarco viendo unos trabajos. "Es mi buen amigo y vecino", dice Arboleda.
La tarde y primeras horas de la noche del viernes 12 de mayo, Carlos Arboleda, el polifacético, nos habla de su esposa Renata, fallecida hace cinco años, y de sus dos hijas.
Renata era austriaca, de Viena. Era doctora, directora del Psiquiátrico de la Zona. "Era muy hermosa", recalca.
Nos dice que hay un sobrino suyo al que también le gusta el arte. Nos habla de sus 20 nietos y biznietos. Nos muestra las fotos de algunos.
Es tiempo de partir. Faltan poco menos de cuatro horas para el sábado 13. El taller queda semioscuro. Ardua tarea es limpiarlo todos los días. El arte vive allí. Arboleda le dice: "¡Hasta mañana!"

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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