ROSE Marie, el primer día que inició labores en una empresa familiar de venta de autos, le comunicó a su hermano Raúl Tapia que a los cincuenta años dejaría el cargo para dedicarse solamente a escribir. Para su sorpresa, los cincuenta la encontraron con obras escritas y con una mención honorífica en el concurso Ricardo Miró.
Cuando terminé mi primera novela, en el año 2000, tuve la osadía de llevarla al concurso Ricardo Miró. Yo misma reconocía que era un soberano atrevimiento.
Cuando me llamaron para anunciarme que me habían otorgado la mención de honor del concurso Ricardo Miró, pensé que era una broma, pedí el número y marqué.
El primer tema yo lo busqué. Los demás me buscaron. Todas las novelas son de carácter social. Cuando incursioné en la narrativa, me propuse que mi voz fuese la voz de los que callan, de los que no pueden hablar.
Cuando un lector me dice que leyó una novela, me siento privilegiada. El haber sido seleccionada entre todos los grandes escritores que existen es un privilegio.
El lector no podrá dejar la novela hasta la última página, ya que hice un estudio del ritmo narrativo de la obra.
Realizo una jornada de ocho horas. Tres para las lecturas, tres para escribir y dos al trabajo administrativo (yo soy como editorial). Siempre estoy trabajando en dos novelas al mismo tiempo. Mientras una reposa durante seis meses, la otra está entre manos.
La página web también ayuda. Cuando yo tenía dos novelas ya tenía la página.
Esto no es magia ni brujería, es pasión por lo que se hace.
Rose Marie Tapia: "No hay tratos"
La escritora, antes de pasar a la página en blanco, el 24 de junio de 2000, se preparó año y medio en técnicas de escritura.