La caída "princesa del pop" fue de shopping a Los Angeles, y tuvo la mala idea de salir sin corpiño.
Los vendedores no podían creer lo que veían, mientras ella paseaba su perro.
La mansión de Star Island, en Miami, que perteneció a la cantante mexicana Thalia y su marido Tommy Mottola y que fue vendida por 30 millones de dólares al ex de Jennifer Lopez, P.Diddy, ha sido palco de muchas fiestas promovidas por el rapero americano.
Diddy todavía no se decidió a cambiarse a Miami, y solo está usando la residencia para realizar sus tremendas pachangas.
Juan Gabriel terminó su controversial contrato discográfico con BMG, tras diez años de silencio, dio unas declaraciones en las que acusa a las disqueras y a los políticos de robar y mentir a los artistas.
"Compañías enteras se han enriquecido con el trabajo de los artistas. Les roban, les mienten.
Las cosas deberían cambiar porque los artistas son la alegría del pueblo" señaló el cantante. Agonía en los ojos,
baile en los pies;
si mejor te parece
dilo al revés. El sabor más amargo
está en la miel
y en cascabel de nupcias
luna de hiel.
en la campana
y un gozo en el reverso
de la manzana. Bronce y cascabel vivo
en la alegría
y en mis penas un goce
de muerte viva. Vienes fuera de tu cuerpo
andando sobre las ascuas,
quien te ve no te conoce
por más que no lleves máscara
y nunca sabrán si fuiste
hembra turbia o mujer clara
aunque San Gabriel envidie
la candidez te tus alas.
Sentada sobre los siglos,
sobre ti misma
sentada,
eres germen de tormentas
que el amor divino amaina.
Tan llena andes de tu Dios
que besas su imagen
santa en rostro de pecadores
con inocencias de gata.
Voluptuosidades de ángel
emanan de tu substancia.
¡Oh, Isabel, santa de Hungría,
la ingenuidad de tu alma
sublimizaba tu cuerpo
dadivoso y con la palma
de la noche de los sordos
-la noche de las dos albas-
ibas del cielo al infierno
toda hielo y llamarada,
hielo de ser sin confines
y fuego de sa hora santa
en que el amor sobre un orbe
sin fronteras se derrama!
Y tú detrás de mis ojos
por mis dos nombres me llamas
mientras taciturna invades
los desvanes de mi alma.
trae en su cesta verde mi verano…!
Qué fragancia lustral, qué juego vano,
qué repicar del aire tan de prisa…! El limonero en flor y la imprecisa
quebrada azul que corre allá en el llano…
La rosa de oro que soñó el lejano
placer de dar la vida en la sonrisa… Gloria de amanecer, lumbre de cielo,
embriaguez de la acacia que es el vuelo
de una avecilla frágil, libre, pura…!
báñame en tu rocío y en tu fiebre
para gozar de toda tu hermosura…! Por sentirme despierta en la cautiva
morada oscura de tu sangre, llevo
este amargo laurel de gajo nuevo
y esta miel de cilicio rediviva. Y no quiero saberme fugitiva
de la celda de amor en que me muevo:
porque el ángel te encuentre, yo renuevo
mis llamadas de intacta sensitiva.
quiere lograr la flor indivisible:
su cauto aroma velará tu frente. Como sierva te huí. Que te encadena
más ese afán de hallarme en la colmena,
carcelera celosa de tu mente!
Alondra muerta, flor de sol y cielo,
te dormiste a mis plantas
como si un viaje de certera flecha atravesara mudo
ésta tu blanca irradiación de nardos.
Tú bordaste el tapiz de la mañana
-mañanita de julia limpia y pura-
con el eco indeciso
de tu vida ya rota.
¡La hoz de plata
rozó aquella campana leve y mágica!
Era tu última queja. ¡Y yo miraba en plena caricia de mi sueño
tu pico negro abierto para el canto
del adiós sin retorno! Tú sabías del trino
y de la miel de la corola virgen:
de los juegos del sol
en la pradera rosa, verde y lila,
Era tu manto de vellón de cielo
y tu frágil cobija fue la noche. ¡Cómo se alborazada tu garganta
-melodía desnuda-
cuando te me ibas recta hacia la cumbre
ignorada del alba! ¡Eras prisma de oro,
reina del aire,
con tus dos alas combas! Ya no palpitará -¡Oh nunca, nunca!-
ese adorado corazón de nardos
que dormía en tu pecho de cristal. El pico, agudo, negro,
¿qué solicita ahora
de la nube de oro? ¡Muerta alondra de luz de mis mañanas,
abre tu pecho herido
y recógeme humilde,
encerrada por siempre en tu añoranza! Otra vez, extranjero, rubio auriga,
los nativos trigales pisoteaba.
Marta Lydia era un íbice, una espiga,
que Chahal, amoroso, custodiaba. Por esa antigua pena que fustiga
la estirpe de Balam, muda y esclava,
no doblegó la ráfaga enemiga
su verde corazón del cielo y lava. Infalible, segura, el pulso fuerte,
una sola consigna de odio y muerte,
ella, tan frágil, ¡ay! tan sensitiva. Ella, la flor, celeste guerrillera,
abatirá, conquistador, certera,
tu sien, la del Tonatihu, rediviva.
Era en ella el amor. La edad del trino.
La clara diosa, Atit, besó su frente.
Ella, vaso sagrado, limpia fuente.
Casa de oro, Gabriela, miel y vino. Pero la noche que Iztayul previno
cayó de pronto a medio sol naciente.
Oscuro pacto de águila y serpiente
vendió la flor, la casa y el camino. ¡Adiós amor, querida primavera!
Atormentado sueño de obsidiana
tiñó de sangre la canción primera. Ella de pie, sonriendo todavía,
del héroe herido silenciosa hermana,
cortando nieblas esperaba el día.