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Salud de ecosistemas y salud humana


Tenemos suficientes evidencias de que existe una relación estrecha entre la salud humana, en el contexto amplio de la definición, y la salud de los ecosistemas. Es sabido que nuestras intervenciones de la naturaleza, muy particularmente a partir de la revolución industrial, no han sido las más afortunadas para la preservación de la salud de los ecosistemas. Podemos revisar rápidamente algunas de estas actividades, especialmente aquellas relacionadas con la agricultura, la utilización de los bosques, la industrialización y el desarrollo urbano, así como sus efectos sobre la salud humana.
En materia de agricultura, es ampliamente conocido el efecto del uso y abuse de los agroquímicos utilizados para la producción. Los efectos de su toxicidad sobre el ser humano pueden ser directos o indirectos, y de corto plazo o de mediano plazo. Su abuso ha provocado resistencia de las plagas agrícolas, de manera similar a la que ocurre con la resistencia de ciertas enfermedades bacterianas a los antibióticos, lo cual se ha traducido en pérdida de cosechas y en deterioro ambiental. Ello, agravado por la consecuente disminución de la diversidad biológica de los agroecosistemas y el incremento de la vulnerabilidad de los cultivos a las plagas, ha incidido en muchos lugares en el abandono de cultivos por parte de agricultores campesinos, y en el incremento de la frecuencia y cantidad de agroquímicos aplicados por parte de agricultores más tecnificados. Cabe añadir que ello se traduce en un círculo vicioso ambiental que más tarde que temprano habrá de romperse en detrimento de la producción agrícola y el bienestar social rural.
La erosión de los suelos es otro de los efectos nocivos de las intervenciones agrícolas, particularmente en zonas donde se practica la agricultura de laderas. Los efectos nocivos de la ausencia de prácticas apropiadas de conservación de suelos, especialmente en áreas donde la presión por el uso del recurso tierra es alta, son únicamente cuantificables en el largo plazo, como también lo es el efecto de ello sobre la salud de las poblaciones que hacen uso de este recurso. El empeño a futuro de la salud y bienestar social es una de las consecuencias más serias de estas intervenciones, las que en muchos casos podrán contribuir a la aparición o incremento del número de refugiados económicos y ambientales.
En materia de utilización de los bosques naturales, también es conocido el efecto de la deforestación indiscriminada sobre la pérdida de la diversidad biológica y la simplificación de ecosistemas, lo cual conduce a desbalances que pueden contribuir a la aparición de enfermedades emergentes y reemergentes. Para un Estado que pretende utilizar parte de su capital natural en proyectos ecoturísticos, esta es una consideración de suma relevancia.
La industrialización, por su parte, ha contribuido a aumentar los problemas ambientales a través de las emisiones de gases de invernadero producidas principalmente por la combustión de combustibles fósiles. Los efectos directos sobre el ser humano ya se han comenzado a sentir, pero, al igual que en otros casos, los efectos mayores casi indiscutiblemente se sentirán a largo plazo cuando, por una parte, el adelgazamiento de la capa de ozono traiga consigo el incremento de enfermedades oculares y de la piel, y por la otra, las subidas de temperatura ocasionen alteraciones, hasta ahora poco predecibles, sobre los ecosistemas. Estas alteraciones tendrán sus efectos sobre la agricultura (un aumento de 3C puede colocar al 10% de las especies fuera de su tolerancia térmica), la diversidad biológica (los ecosistemas naturales menos diversos son más vulnerables, y lo peor es que los continuamos simplificando), la cadena alimenticia y, por ende, sobre los seres humanos. Desde otro ángulo, la actividad minera inadecuadamente llevada, como nos consta en algunos casos en Panamá, es una de las actividades industriales que más daño ocasiona a los ecosistemas y al ser humano.
Ciertamente, nuestra preocupación no debe centrarse en lo que puede ocurrir a largo plazo. Para la gran mayoría de las industrias, ese plazo ya ocurrió. Bastaría echar una mirada a un sin número de las industrias de nuestro país y al manejo que le dan a sus desechos, para darnos cuenta de los serios problemas de contaminación del agua, aire, fauna y flora. Y por si fuera poco, dentro del contexto de las actividades de desarrollo de nuestras sociedades, tenemos que estar de acuerdo que el desarrollo urbano mal planificado, con su producción de gases, desechos sólidos, ruidos, etc., así como con su secuela de destrucción de áreas verdes, no contribuye a mejorar la situación deseable de bienestar físico, mental y social.
En síntesis, la salud de los ecosistemas en la mayoría de los países del planeta, está afectada por una economía que aún no parece encontrar la forma de utilizar racionalmente los recursos naturales, y peor aún, para hacer partícipe a toda la sociedad, por igual, del proceso de generación y distribución de la riqueza. En un futuro quizás no muy lejano, las limitaciones de la base de recursos y la concentración de la riqueza podrán alterar y revertir, a menos que actuemos sabiamente, las tendencias positivas que hoy observamos, tanto en los indicadores de salud como en los principales indicadores macroeconómicos.
LA SALUD Y LAS POLITICAS
Si las políticas de desarrollo inciden sobre la salud de los ecosistemas y estos, a su vez, sobre la salud de la población, es obvio que la participación de las instancias que tienen que ver con los aspectos de salud deben estar presentes, por derecho propio, en todas las gestiones y procesos de planificación del desarrollo. Las políticas de salud no pueden definirse fuera de este contexto pues ello equivaldría a poner remiendos donde se necesitan soluciones integrales.
Algunas políticas que necesitan ser formuladas, mejoradas o reglamentadas, y donde la participación de las instancias de salud debe hacerse sentir de manera vigorosa, tienen que ver con los siguientes aspectos:
Con la promoción de la planificación por ecoregiones o cuencas hidrográficas, donde se analice cuidadosamente la complejidad de las interacciones entre las intervenciones humanas y su medio ambiente,
Con la promoción de la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad y los recursos del capital natural, como elementos primordiales de los sistemas sustentadores de la vida,
Con los falta de incentivos para detener la destrucción de los bosques,
Con la seguridad alimentaria en el marco de la globalización,
Con las políticas de agricultura sostenible, y con la internalización de los costos de la contaminación ambiental que hoy día se cargan a la sociedad y a nuestro futuro.
COMUNIDADES SALUDABLES Y SOSTENIBLES
Pero, hay un problema al que no le hemos dado mucha importancia: no hemos aprendido aún a manejarnos dentro de la complejidad de nuestros ecosistemas. Y, por supuesto, en razón de su abundante biodiversidad, esta complejidad es mayor en los ecosistemas tropicales que en los ecosistemas templados. Tenemos una urgente necesidad de volver, si acaso alguna vez lo hicimos, a trabajar con la naturaleza y no contra ella, y para ello, hay que tratar de entenderla primero, lo cual constituye una tarea que, con toda seguridad, no es nada fácil ni de corto plazo. Bien puede ser esta tarea una guía e inspiración para alcanzar las metas de desarrollo económico y social que hoy se plantean como los grandes desafíos globales.
Para los planificadores de nuestro desarrollo pudiera parecer hasta irrisorio que debamos dedicar algunos esfuerzos a entender a la naturaleza.
No debe sorprendemos. Nos hemos movido en un mundo tropical adoptando esquemas de desarrollo más acordes con las civilizaciones mediterráneas y de ecosistemas templados. Pero lo cierto es que para entender a la naturaleza tropical habría que aplicar los conocimientos de la ciencia, que por lo general no son del dominio de los tomadores de decisiones, y unirlos a los de nuestras poblaciones y comunidades más tradicionales, para validarlos en un contexto ampliamente participativo. Ello, simple y llanamente quiere decir que nuestro entendimiento de la naturaleza tiene que comenzar por aplicar los conocimientos científicos y los tradicionales, desde abajo como muy pocas veces lo hemos hecho, y no desde arriba como generalmente lo hemos venido haciendo. Solamente así podremos ordenar el mundo social sin desordenar el mundo natural.
En consecuencia, las políticas de desarrollo, no solamente tienen que actuar a nivel de comunidades, sino también tienen que partir de ellas. En materia de salud, ello hará que nuestros esfuerzos, no solamente se encaminen a construir comunidades "saludables", sino también sostenibles, y que la atención de los problemas no se haga únicamente a niveles técnicos aislados, sino diseñando y ejecutando estrategias locales de desarrollo integral. La construcción de la salud está estrechamente ligada a la construcción del desarrollo.
Un trabajo a nivel de comunidades que creo que nuestro país puede mostrar con cierto orgullo, es el de los comités de salud que existen en un gran número de poblados en todo el territorio nacional. Como estos comités están conformados por representantes de las propias comunidades, será más factible interactuar con ellos en la búsqueda del entendimiento de la complejidad de nuestro entorno natural y de las opciones de trabajo con la naturaleza. A partir de ellos pueden constituirse, por ejemplo, comités comunitarios de desarrollo local, que participen en el establecimiento de un proceso permanente y descentralizado conducente a la obtención de esa "situación deseable de bienestar, físico, mental y social" Creo que a partir de acciones locales, impulsadas dentro de un contexto de respeto por la integridad de los ecosistemas y de conocimiento de las interacciones entre las intervenciones humanas y su medio ambiente, podrá también construirse el marco de una estrategia nacional de desarrollo sostenible donde la salud sea el más preciado de sus componentes. Creo también que estaríamos en mayor capacidad de aprender a no descontar nuestro futuro y de exigir a "otros" que tampoco descuenten el nuestro.


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56412
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América