Hoy que en todos los confines del mundo se recuerda a los mártires de Chicago en 1886, quienes se enfrentaron al sistema injusto y avasallante imperante y de esta forma lograron conquistas inalienables. Gracias a ellos nosotros heredamos el derecho a que se respete la dignidad del individuo que se gana el sustento con el sudor de su frente. A no ser tratados como máquinas productoras de dinero.
A que se tenga en cuenta que, ante todo y por encima del capital, de la tecnología y de otros activos, está el ser humano, el trabajador. Que es pilar fundamental del proceso productivo.
Todavía hay importantes conquistas pendientes. Pero, hoy día miles de hombres, mujeres y niños, en todos los continentes, debemos seguir dando gracias a esos mártires de Chicago y a quienes en su momento han sabido pararse firme, exigir sus derechos y evitar que se les manipule y se les explote. Porque, poco a poco la sociedad (empresarios y gobernantes) se ha visto obligada a cambiar las reglas del juego y hacer ajustes, de modo que la balanza esté más equilibrada. Para que no se cumpla en el Siglo XXI la célebre frase del famoso filósofo Thomas Hobbes: "el hombre es el lobo del hombre".
Han aprendido que el trabajador, por más humilde que sea, es un ser humano con necesidades. Que tiene principios, criterio, un cerebro y sentimientos. En conclusión, no es un robot ni un títere.
Estas propuestas están todavía en sus etapas tempranas, y no darían frutos en unos 10 o 15 años, en caso de que el Congreso aprobara la financiación.
Guru Parulkar, quien asumirá la dirección general de la iniciativa de Stanford, tras encabezar los programas de la NSF, estimó que tan sólo la propuesta GENI costará 350 millones de dólares, mientras que el gasto del gobierno, la universidad y la industria en proyectos individuales ascendería en conjunto a 300 millones de dólares.
Hasta ahora, el gasto ha sido de unas decenas de millones de dólares.
El reemplazo de todos los programas y computadoras para implementar la nueva red podría agregar miles de millones de dólares al costo.
Los defensores del ``borrón y cuenta nueva"" dicen que el mundo más cómodo de los investigadores en las décadas de 1970 y 1980 no necesariamente se ajusta a las realidades y necesidades de la internet comercial.
``La red es ahora una herramienta crítica para demasiadas personas, mientras que en sus primeros días era sólo algo experimental"", dijo Zittrain.
Los primeros arquitectos de la internet construyeron el sistema sobre el principio de la confianza. La mayoría de los investigadores no se conocía entre sí, de modo que se mantuvo apertura y flexibilidad al compartir la red, características que fueron cruciales para su crecimiento rápido.
Pero los remitentes de una oleada de correo indeseable y los piratas informáticos llegaron a medida que la red se expandía y pudieron actuar libremente porque la red no tiene mecanismos integrados para saber con certeza quién envió qué.
Los diseñadores de la red supusieron también que las computadoras estarían en lugares fijos y siempre conectadas. Ello no ocurre ya, con la proliferación de las computadoras portátiles y de bolsillo, y los teléfonos celulares provistos cada vez de más funciones. Todos esos sistemas van de un punto a otro de conexión inalámbrica, y pueden perder la señal en ciertos lugares.
Los ingenieros aplicaron mejoras a la seguridad y realizaron cambios para permitir la portabilidad de la internet, pero los investigadores señalan que todo ello agrega complejidades, afecta el desempeño y en el caso de la seguridad, se limita a hacer reparaciones, en un riesgoso juego del ``gato y el ratón"".
Las reparaciones provisionales para los dispositivos celulares ``pueden funcionar bien si una pequeña fracción del tráfico es de ese tipo, pero pueden saturar los procesadores de las computadoras y crear fallas de seguridad cuando un 90% o más del tráfico es móvil, dijo Nick McKeown, codirector del programa de Stanford.
La internet seguirá enfrentando retos, mientras las aplicaciones requieren de transmisiones garantizadas, y no de una estrategia que da sólo su ``mejor esfuerzo"" y que funciona mejor para el correo electrónico y otras tareas menos dependientes del factor del tiempo.
Hay que pensar en un médico que utilizará las teleconferencias para practicar una cirugía remota, o en un consumidor de un servicio de telefonía mediante la internet que necesita hacer una llamada de emergencia. En esos casos, el retraso más pequeño en el envío de los datos puede ser fatal.
En vez de crear paliativos para cada problema, los investigadores de esta nueva propuesta quieren rediseñar el sistema para albergar fácilmente cualquier tecnología futura, dice Larry Peterson, presidente del consejo de ciencias informáticas en Princeton y jefe del grupo de planificación de GENI.
Incluso si los diseñadores originales hubieran sido más visionarios, no habrían podido incorporar estas funciones desde el comienzo. Las computadoras eran mucho más lentas entonces como para realizar los cálculos necesarios para, por ejemplo, autentificar la identidad de un usuario.
Kleinrock, el pionero de la internet en UCLA, cuestionó la necesidad de hacer una transición, pero agregó que estas iniciativas resultan útiles para el avance tecnológico.
``Algo llamado GENI seguramente no se convertirá en la internet, pero algunas partes de esto podrían integrarse a la red mientras progresa"", vislumbró.
A continuación, algunos de los retos que llevaron a los investigadores a emprender esta estrategia de ``borrón y cuenta nueva"":
SEGURIDAD La red debe ser rediseñada para que sospeche de todos los usuarios y datos desde el comienzo. Los datos no pasarán a menos que sean autentificados. Las computadoras más rápidas que existen ahora podrían manejar el procesamiento adicional necesario dentro de la red.
TECNOLOGIAS INALAMBRICAS El sistema de direcciones debe reestructurarse para que las direcciones se basen más en el dispositivo y menos en la ubicación. De esta forma, una computadora portátil conservaría su dirección mientras se mueve por varios puntos de acceso inalámbrico.
UBICUIDAD Los investigadores preguntan si realmente todos los dispositivos necesitan direcciones. Quizás los sensores en una vivienda podrían comunicarse con otros en cierto lugar, y enviar los datos más importantes con un dispositivo que sí posea una dirección. Así, los ``routers"", considerados los policías del tránsito en la internet, no tendrían que seguirle el rastro a cada sensor, lo que mejoraría la eficiencia.