Para evitar la algarabía que siempre acompaña a su sola presencia, la cantante típica Sandra Sandoval permaneció un par de horas escondida en el camerino de la diseñadora Mara Durofour.
Cuando nadie se lo esperaba, la estrella lució el último de los vestidos de la propuesta de Durofour, inspirada en las orquídeas nacionales.
Claro, Sandra no era una orquídea común, era una orquídea que bailaba -y que puso a bailar a todos- al ritmo de su pegajosa canción "La quemadera".
La cantante herrerana no caminó como lo haría una modelo, pues no lo es, pero movió las caderas con ese peculiar estilo que le ha hecho famosa.