Andrew Phillip Cunanan, autor del crimen, cerró con negro la historia de la vida de uno de los hombres que elevó el fascinante universo de la moda a su más alta expresión.
Versace vivió siempre cerca de los suyos y se cobijó en el calor del hogar. Mantenía un contacto estrecho con sus hermanos. Su hermano Santo siempre dirigió las finanzas y Donatella, que además era su musa, estaba a cargo de la línea joven.
Tenía una obsesión que no era ni el dinero, ni el rock, ni la medusa de oro, ni las lentejuelas, ni el glamour. Era amigo íntimo del futuro. Ese que le impedía parar. "Así es la vida: te mueves o te mueres".
Una vez superado un cáncer de oído que le acercó a la sombra de la muerte. La enfermedad trajo momentos duros los días previos al 50 cumpleaños. "Con casi 50 años, me di cuenta de que había vivido ya una parte de mi vida y de que una enfermedad me provocaba depresión. Decidí volver a tener energía, recuperar optimismo. Me di cuenta que cada minuto de mi vida, cada persona, cada placer son muy importantes. Ahora, más que nunca, creo en todo lo que hago, y esto da sentido a mi vida. Ese momento, el único en el que he sentido perdido, me llevó a reaccionar, a no tener pánico ante la enfermedad. Fui frío, paciente, fuerte. Cuando se quiere, se gana la batalla".
El estilo es propio del hombre del sur de Italia que conquistó las pasarelas a fuerza de provocación y riesgo. Cuero, rasos e imperdibles; sus hazañas lo apoderaron de Milán y París, así como del resto de las principales capitales de la moda.
Generalmente calzaba unas sandalias negras, también ensalzadas con la medusa dorada que simboliza a su imperio. Esa que ha dado la vuelta al mundo labrada en las etiquetas de las prendas más glamorosas, bolsos, zapatos, perfumes, vajillas, cojines, sábanas y demás.
Su novio de los últimos once años fue el modelo Antonio D"Amico, quien había reconocido abiertamente su homosexualidad en 1993. Sobre los sexos, Versace decía: "El hombre tiene miedo a parecer homosexual por ir a la moda y por esa estúpida tradición de ser muy macho".
Gianni presumía de ser amante del arte. No gastaba, decía, en yates ni aviones, sino en Picazos. Sus casas le permitían vivir su propia aldea global. "Me encanta la gente, el mundo, el toque de elegancia de los italianos, la mezcla de culturas de Londres.. ¡El mundo!". Gianni vivía entre el lujo. Sus diseños no cesaban de engrandecer el negocio. El imperio Versase pretendía comenzar a cotizar en Bolsa. Pero él prefería no hablar de ello.
Mientras Donatellla retocaba prendas, Gianni, cauto y nervioso, daba las últimas órdenes y Santo, ajeno a hilos y sedas, se relacionaba con el resto. Los Versace se mantenían unidos en torno a su apellido. Y discutían y se acaloraban. Se adoraban y se alababan.
Gianni poseía un 45% del volumen del negocio. Santo un 35% y Donatella un 20%. La muerte del creador ha supuesto el fin de la autosuficiencia familiar. Como otras grandes firmas (Dior, Chanel, Gucci), sus herederos tendrán que recurrir a algún ajeno como diseñador. Nada será tan íntimo.
Gianni construyó una poderosa casa de diseño de vestuario que inició muy humildemente en su tierra natal, Italia.
Al principio quiso ser músico pero, por influencia de su madre, quien en su taller de Reggio Calabria, dio a su hijo el apoyo necesario para realizar sus primeros cortes y costuras, se inició en el mundo de la moda. Su primer diseño lo creó a los nueve años de edad.
Gianni vendió sexo y glamour como si fueran uno, y fue el primero en presentar los trajes de caballero sin corbata. Es esta una tendencia con la que los hombres están encantados. Hemos visto al mismísimo Bill Gates sin ella en sus conferencias.
También fue el primer diseñador en usar pantalones vaqueros en la pasarela para su colección en 1990. "El estilo no lo desprende la ropa. Lo lleva uno mismo en su interior", dijo quien creó el concepto de la supermodelo llevando sus ideas por todo el mundo hasta su muerte.
Versace supo llenar la pasarela de fantásticas modelos, de luz y de color, creando un mundo de extravagancia. Sus musas fueron Naomi Campbell, Linda Evangelista y Cindy Crawford y sus héroes fueron Balenciaga y Chanel.
Con su inesperada partida, aquel 15 de julio, la realeza y el mundo de las estrellas del cine y el rock perdieron también a su diseñador favorito. Prince, Madonna, Bon Jovi, Liz Hurley, Hugh Grant, Lady Di, y Elton John lloraron la muerte del hombre que les dio lo que necesitaban: fantasía, morbo, lujo y belleza. Todo de una vez.
Creció muy rápido. Desde un pequeño establecimiento hasta 300 boutiques en todo el mundo que vendían sus colecciones. Allegra Beck (hija de Donatella Versace) era la heredera principal. Le otorgó el 50% del imperio Versace y la convirtió en la dueña y señora de la casa de modas. Su hermano Daniel heredó la gran y amplia colección de arte de Gianni. Donatella recibió el 20% del imperio y Santo Versace el 30%.
Allegra no recibió su herencia hasta hace dos años, cuando cumplió mayoría de edad. Para sorpresa de todos Allegra no quiso (ni quiere) dedicarse a la moda, quiere ser actriz y estudia en Milán para conseguirlo. Por esta decisión Donatella y Santo gestionan la casa Versace, con el visto bueno de Allegra.
Se llegó a decir que las únicas lágrimas verdaderas en el entierro de Gianni Versace eran de una niña de 11 años, Allegra. Ella lo era todo para Gianni, era su "princesa" y su inspiración; la cuidaba como a su hija. Ella llamaba a su tío "el mago" por su facilidad para diseñar vestidos y convertir telas en una preciosa prenda.
Hoy día la casa Versace no pasa por su mejor momento. Tienen deudas y han tenido que devolver algunas de sus propiedades, pero se mantienen. ¿Estará llegando a sus últimos días el imperio de Gianni Versace?