Cuando la llama del amor se apagó definitivamente entre él y su esposa, Masayuki Ozaki tomó una insólita decisión para llenar su vacío. Compró una muñeca de silicona que se convirtió, asegura, en el amor de su vida. Mayu, de tamaño natural y con un aspecto muy realista a pesar de su mirada vacía, comparte su cama en la casa familiar de Tokio, donde también viven su mujer y su hija adolescente. Unas 2,000 muñecas son vendidas cada año en el archipiélago Nipón.
Se enamora de una muñeca
Cuando la llama del amor se apagó definitivamente entre él y su esposa, Masayuki Ozaki tomó una...