Uno de los pescadores se subió a su bicicleta para huir, pero su amigo, no se lo pensó dos veces y llegó al pueblo corriendo incluso antes que el ciclista. Siempre serás, en mi ceguera blanca
de pescador de perlas infructuoso,
un tierno grito apaciguado y lento
de pie sobre la aurora.
("Adán liberado") Después de seis años de hundirme en esponjas de olvido
y borrar las visiones de tu muerte violenta,
tu sonrisa se pega al cielo de mi boca
como un sabor con uñas, intransigente al don de la saliva.
y he estrechado tu mano en la caricia verde del helecho,
porque tu corazón ha seguido sonando en mis oídos,
eco de pájaros sin alas,
grito sin perspectivas, mustio,
clamor de vida inmóvil
bajo el peso de la tierra bermeja y del aire descalzo. Náufrago de ese mundo sin horarios,
he visto entre la noche tu pañuelo de llamas,
tus dedos de luciérnaga,
tus gestos de cristal hecho ya añicos,
como si entre los dos no hubiera un puente de clavos,
como si mi palabra no estuviera teñida con tu sangre
de donde hoy vuelan mariposas negras. Cuando mi soledad se cubre de algas
y me arroja a los pies de mi mismo,
como una cáscara de canto,
regreso siempre a tu última mirada,
la que calcó la forma siniestra de aquel árbol en medio,
de tu espacio
y me acompaño de tu muerte
para estar contigo, con tu voz de hielo.
porque estoy a tu lado sin saberlo,
cuando tus brazos luchan como molinos locos,
cuando la muerte viene brincando entre las hojas,
cuando el minuto queda sin resuellos,
cuando la vida salta como un títere de trapo,
cuando el paisaje bebe tu inteligencia rota
y recoge la ruina de tu cuerpo,
porque estoy a tu lado sin poder ayudarte,
sin poder ni siquiera a ti decirlo,
siento que mi garganta crecen
las palabras que nunca alcanzaron tus labios.
("Adán liberado") Tan muerto en muerte no nacida
como ese mar sin algas y sin labios,
playa sin olas donde apenas
camina un perro husmeando conchas
bajo el opaco viento del crepúsculo. Muerto sin nacer, pétalo de azúcar,
truncada fuente de cabello y sangre,
molécula de llanto y de sollozo
que amasaron mis labios en la aurora de tu madre posible,
flecha de canto y fuego
que aún lastima mi corazón sin espejismos.
dejando que tu joven sonrisa de amapolas
corriera libremente con la azul vitalidad de las venas
alegres,
tu lengua, fresca llama de cerezas,
adornaría mis palabras manchadas de amargura. Pero áun tú no cabías entre mis brazos torpes
ni en mi perfil de leñador de estrellas y de niños,
y así, tu queja apolismada y sin eco de pájaros
cayó al abismo del minuto muerto,
como una lluvia anónima
sobre mis labios de ventosas ebrias.
Pobre hijo de merengue y sal, llamando con tu voz de
trapo
del barandal de nubes de la noche
donde el turno, tal vez, te fue negado para siempre,
de separar los dulces rizos del sexo de tu madre
para mirar con ojos lácteos al mundo cara a cara.
quiero que estas palabras mías
calen sobre tu amargo resentimiento
de abandonada esperma
como un puñado de fragancias lilas
sobre tu mundo de silencios y alas.
("Adán liberado")