¿"Que la calle está dura y la vaina se ve muy mal"? ¡Qué va! Eso fue hasta ayer y nadie se acordará de ello hasta el mediodía del miércoles de ceniza, porque desde anoche empezaron los cuatro días de anestesia total, locura, farra, farsa y desenfreno. Sino, pregúntenle a don Pedro Altamiranda, quien no falla al asegurar que en medio de la gozadera algún extranjero se detendrá sorprendido a preguntar ¿"estos ser los carnavales"?
Pues sí. Es la "fiesta del pueblus". Porque como dice Pedro: "... y los "rabis" cogen brisa para Miami o Coronado", y quizás ahora se vayan hasta Punta Barco o algo así. La cosa es que desde temprano la calles empezarán a "taquiarse" de gente, en busca de "agua, guiales, ("manes"), guaro y campana". Cualquier cosa que se traduzca en diversión o como se dice ahora en una buena "ponchera".
Lo cierto es que ese señor que llaman Momo, investido todos estos días de rey y endiosado, volvió a paralizar la vida cotidiana, para dar paso a la estridencia, el licor y el desenfreno, por no decir más de un pueblo que disfruta "envolviendo su angustia con un manto de falsa alegría".
Es que "quizás el espíritu se agota, el cuerpo se cansa, y encuentra en las festividades un pretexto para engañarse a sí mismo, aunque solamente sea sacándole el jugo a estas cinco noches y cuatro días de festividad. Pero, cuidado con los excesos y la promiscuidad, porque Altamiranda hasta ritmo le puso al asunto: "y como premio mamita / por gozá en el carnaval.../ fijo que en noviembre tienes / a tu chichí en el hospital".
Y es que no es mentira, que nueve meses más tarde, pese a las intensas campañas y hasta distribución gratuita de preservativos para estas fechas, esos días de jolgorio y desenfreno, comienzan a dar frutos y vida. Eso sin contar con la amenaza del Sida. ¡Que Dios nos agarre confesados!
Y así, los muchachos andan en grupos (dizque para cuidarse), muchos toman hasta perder el sentido y son llevados como trofeos andantes, celebrando a los jumados el haber estado "hasta el tape". Entonces, entre el bonche, el parque, el toldo, culecos, lluvias de confetis y serpentinas, el panameño disfruta de una fiesta que desea nunca termine.
Lo bueno es que hoy es sábado y está como quien dice "comenzandito el pleito". Todavía se puede soñar con que la fiesta es eterna, que el mundo no es más que culecos, baile, desfiles, rumba y más guaro. Después de todo, como dice doña Celia "¡Ay / no hay que llorar/ que la vida es un carnaval/ y la penas se van cantando/".
Sin embargo, este año, el carnaval capitalino ideó que hoy fuera un día reservado para los niños. ¡En serio! El desfile arrancará desde las tres de la tarde (como todos los días) en la Vía Fernández de Córdoba, con comparsas infantiles, como "Los Soneros de San Pedro" y "Los Hippys de Barraza", entre otros.
Manaña domingo, en cambio, será dedicado a nuestro traje típico, la pollera. El lunes, cada una de las reinas invitadas lucirá el traje que utilizó el día de su coronación. Y el cierre del martes de carnaval todo girará en torno a la fantasía de disfraces alusivos al centenario y "cada uno de los diseñadores trasladará a través de sus trabajos, a las miles de personas hacia las épocas pasadas, que forman parte de la rica historia de nuestra nación". Así, el ruido de los cohetes se llevará el Carnaval del Centenario.