Variedades

Se muestra "mucho más agresiva" en "Escucha"


La italiana Laura Pausini ha dejado de ser la eterna adolescente y a sus 30 años se muestra "mucho más agresiva" en su último trabajo, "Escucha", nuevo álbum en español después del lanzamiento de "Entre tu y mil mares" hace 4 año.
En "Escucha", se puede hablar de "dos Lauras diferentes", una que "sigue siendo romántica y otra "más agresiva y con sonidos contundentes", con cortes como "Escucha atento" y "Mi perspectiva".
Poemas a ella, 1963, más que a ella son poemas sobre él. Siempre el problema del ser y de la existencia. El poeta busca en la emoción del amor claves para explicarse las cosas del existir. Ni el amor lo hace salir de sí: "Hace ya tanto yo que no te veo / que si me viera ahora no podría / quizá reconocerme. Dónde he estado? / Que he hecho yo durante tantas cosas, / durante tanto yo, perdido y solo, / lejos de mí, viviéndome en secreto, / resentido quizás, seguramente odiándome, / sin decirme nada?" ("Hace ya tanto yo…").
La amada es simple cebo, cebo amado, con que quiere el poeta atraparse para saber de él: "Ponte aquí, frente a mí. / Eres el cebo. / Ahora sonríe. / Cuando yo venga, cuando pase / por mí, bésalo, cógelo, / que no se escape, quiero verlo. / Es una trampa que me pongo. / Calla. Calla. Ya le oigo / Sonríe, Disimula. / Esta vez si lo vamos a coger". ("Ponte aquí…").
Pareciera que a Martínez le angustia saber cuál de los cuatro Martínez es el verdadero; el Martínez que es, el Martínez que él cree que es, el Martínez que los demás creen que es y el Martínez que él quiere ser; éste último, el más importante para Unamuno y, quizá, también para el propio Martínez, que busca ayuda en la amada para ver si da con el secreto de su propio ser.
Martínez no supera su obsesión, su angustia existencial, por lo que se excusa ante la amada, decepcionado de no dar con la verdad: "Hecho de pura piel, parado afuera, / no me desprecies por buscar mi alma, / no me abandones por buscarme adentro, / no existe nada adentro, era mentira, / adentro existe solamente un hueco / por donde pueden verse las estrellas / aún en pleno día, por donde entra / un silencio que suena como grillo, / un ensordecedor, un gran silencio. / Tócame. Este soy yo. No lo sabías? / Está bien. Te lo perdono. / He estado sólo durante tanto tiempo! / Este soy yo, mirándote, aquí, afuera. / No existe nadie de mis ojos. / Yo soy mis ojos".
TOCAN EN MÍ, GOLPEAN…
Tocan en mí, golpean.
Alguien del otro lado quiere
abrirme en dos como una puerta,
entrar, nacer, pasar,
buscar a una mujer, recoger algo,
huir de Dios, asilarse en el mundo.
Alguien, del otro lado, me sacude
con terror, con prisa y humildad y urgencia.
Quizás un niño muerto, perseguido
o un ángel comunista o un pobre diablo,
o un dios indio que nunca pudo aprender latín,
o un dios griego humillado, afeado, perdonado,
o yo mismo quizás, quizás yo mismo, el yo que siempre
sospeché me habían robado y escondido.
Alguien, en todo caso, caído en la desgracia,
con pánico en lo abierto, me golpea,
toca en mi corazón, se agarra de mis huesos,
me sacude,
me llora, me suplica que le abra…
Todo cesa de pronto. De pronto ya no hay nada.
De pronto, estoy tranquilo. Lo han hallado, supongo.
Y en el silencio y en la paz que quedo
sólo se siente un suave viento indiferente,
una pequeña nada fría, sonreída y tonta
y un raro escalofrío que también se va.
LO QUE ANTES ESTABA CLARO…
Lo que antes estaba claro, ahora ya no lo está.
Me he perdido en el mundo. Y antes, me parece recordar
(que vivía conmigo. o cerca de mí al menos,, con mi consentimiento. Recuerdo que reía.)
Pero un día me vi mi mano, y más allá, un jarrón,
y ambas cosas me fueron perfectamente extrañas.
Me era lo mismo decir, soy un jarrón.
Yo quería decir que no era yo, que me había perdido,
o quizás que comenzaba a buscarme, y ya no estaba.
A veces, como ahora, de noche, oigo ladrar un perro lejano,
y me digo, ¡si seré yo!.
¡si no seré ese perro!
Nada peor puede pasarme, nada en el mundo puede
darme un dolor más grande
que el saber, al final de cuentas,
que yo era yo, que no era nada.
Dios mío por lo menos que a la hora de morirme
esté ladrando un perro.
AQUÍ ESTÁN LAS COSAS…
Aquí están las cosas.
Aquí estamos todos.
La hora llegó puntual;
desde hace siglos venía para acá.
Llegó el viento, atrasado.
Aquí estamos todos.
Esperando. A mí quizás.
Esperándome. No llego.
Me impaciento.
Me di una cita aquí conmigo,
en esta hora junto a esta mesa
y esos cigarrillos y ese libro
que también esperan.
Me di una cita aquí conmigo
y yo no vine.
Dejo esta nota aquí sobre la mesa
por si vengo de haberme ido,
por si vengo después de haberme muerto
y ya no está.
Yo estuve aquí, necesité de mí,
me sentía mal, estaba solo.
QUE LEJANA QUE ESTÁS…
¡Qué lejana que estás, aquí, conmigo!
Te veo desde mis ojos como un preso.
No. Los ojos me dicen que te ven,
me conversan de Ti como si fueses un ciego.
Lejos de ti, a solas y a tu lado,
les visto a mis palabras, les encargo
que le digan a tu oído
que te diga que dicen que yo digo
que vivo amándote, esperando
verte asomada, tú también presa, a tus ojos.
Mando mi cuerpo al tuyo a que lo goce
y el pensamiento entonces
en un rincón oscuro
y más solo que nunca, se masturba.
Mi cuerpo y yo te amamos.
El cerca, yo de lejos.
Y desde allá, en la lejanía,
y casi, amor, como por teléfono
me habla de ti, oigo tus besos,
de lejos siempre, como dulces piedrecitas
que cayeran al agua de mi alma.
De sueño, amor, de sueño y no de carne te conozco.
estás conmigo como si estuvieras en el cuarto del vecino.
Vienes, te das a mí
como si te entregaras a un amigo mío.
Odíalo tu, que me traiciona.
Vete de mí, que quiero estar contigo
sin compartir con nadie tu presencia
y más solo que nunca, en un rincón oscuro.
Salen barcos y trenes de mi alma.
Detrás de ti suena como un mar rompiéndose
entre las piedras de tu alma.
Y recorriéndote la piel, la vida, en las arenas
me encuentro cosas tuyas: aquí una huella
de la que no veré jamás, allí una prenda de vestir
con tu olor, aún con tu calor. Me pitan trenes en el sueño,
y en la mañana encuentro, alborozado,
barcos que de ti han llegado, cargados
de besos como moluscos y especies olorosas.
Oh, tú, allende el mar.
¿Lo oyes? ¡lo oyes cómo brama?
Me empuja, me rechaza, me moja las orillas del alma
y te presto mi cuerpo, porque el cuerpo
es el solo alimento del sueño y del recuerdo
y la sola lucha de la vida.
Lo mismo que nos une nos separa
con altos muros que arañamos.
Amanezco arañado, amaneces recorrida,
amanecemos náufragos, cansados,
y más solos que nunca. ¿Lo oyes?
¿Lo oyes cómo brama?
Y más extraños.
¡Qué lejos estás, aquí, en mi cama!
¡Cuán imposible entre mis brazos,
una leyenda casi…! Terminaré alejándome,
yéndome a ti de ti. Terminarás odiándome.


fecha edicion
old id
172259
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América