Todas las barricadas físicas, mentales, morales, intelectuales... se derriban cuando el amor toca las puertas del corazón.
Eso fue lo que sucedió en “La tercera palabra” (época: principios del siglo XX, un pueblo de España), donde Pablo, el heredero de una fortuna, tiene que ser alfabetizado para poder administrar esta, y su maestra, con toda su erudición estaba de espaldas al mundo. Y se da cuenta cuando el iletrado la pone en contacto con la naturaleza.
Ella que venía de la urbe, una mujer fina y cultivada, en contraste con el casi salvaje joven de corazón puro, dialogan como sigue:
Pablo: Pero entonces no hay solamente dos cosas grandes. Además de Dios y de la muerte, hay una tercera cosa que hace temblar la garganta del hombre.
Marga: ¡Sí, Pablo; hay un tercer misterio, que es un poco como sentir a Dios y un poco como sentirse morir!
Pablo: Dime esa tercera palabra. ¡Quiero oírtela a ti.
Marga: No hace falta, querido. Esa tercera palabra, cuando es verdad, es mejor decirla en silencio... ¡Así...!''
En esta magistral pieza de Alejandro Casona, el bien y el mal se enfrentan. Y la duda y el rencor tratan de robarle protagonismo al amor.