Los valores morales y aprender a decir ¡no! -un no categórico - van de la mano. Ambos se aprenden a temprana edad. Enseñarlos es responsabilidad de la familia y otras instituciones u organizaciones.
Hechos como la corrupción, delincuencia, manipulación y vulneración de los derechos humanos -uno de los más recientes, el vandalismo en el Instituto Nacional- reflejan ese vacío en Panamá en la formación de niños y adolescentes.
Ya lo dice el viejo adagio "árbol que crece torcido nadie lo endereza".
Fabio Bethancourt, psicólogo, explicó que "muchas personas tienen dificultad para decir no. No saben poner límites. Es una habilidad social que se adquiere desde temprano. Cuando el niño comienza a distinguir entre lo que es deber y derecho. La psicología aborda y ayuda a esas personas que vienen en busca de aprender a expresar sus sentimientos y derechos, manifestar sus opiniones".
Para evitar que los niños se conviertan en adolescentes y adultos que no saben decir "no" cuando se violan sus derechos o cuando se les quiere hacer partícipes de acciones que van en detrimento de otros, los padres y educadores deben tener mayor protagonismo en la formación de sus hijos. Y como modelos, deben ser consistentes. Que nunca riña lo que hacen con lo que dicen y aquello que les enseñan a sus hijos que es lo correcto.
No es válido, por poner un ejemplo sencillo, el caso de los padres que dicen que no hay que mentir, pero suena el teléfono y cuando los niños lo contestan y les preguntan por ellos les dicen que digan que no están.
¿Cuántas veces sucede que una persona quiere decir "no" y dice sí? Muchas, no le queda duda al especialista, quien es de la convicción de que hay que vetar el "sí" complaciente.
28