Bebés que lloran mucho, niños/as desafiantes y que tienen comportamientos por los cuales son etiquetados/as como "mal portados/as", pudieran estar enfrentando situaciones estresantes. Si un niño/a es víctima del estrés y no sabe cómo liberar esa tensión que lleva dentro, va a reflejarlo en su conducta.
La tensión enferma, inhabilita, hace bajar el rendimiento individual e incide en las relaciones interpersonales y los/as niños/as, desde la cuna la experimentan. Si nos ponemos a observar cuidadosamente, notaremos, por ejemplo, que desde cuando tienen hambre y no se les satisface su apetito los/as bebés/as lloran y su aspecto está tenso, plantea Elisa Bósquez, psicóloga de la Fundación Piero Rafael Martínez De la Hoz.
"La tensión se refleja principalmente en los músculos. El cuerpo no estaba relajado, sino contraído", dice la especialista. Ahora bien, sigue explicando lo importante que es percatarse en la escuela, hogar y comunidad si los niños/as están bajo tensión.
En la escuela, son niños muy impulsivos, actúan como si estuvieran llenos de rabia, acostumbran tirar cosas en sus arranques de ira y les gusta pegarle a los compañeritos. Como se sienten impotentes, como bombas a punto de estallar, no saben qué hacer. Las técnicas que enseña la fundación pueden utilizarse claramente para ayudarles a que liberen su tensión, rabia, frustración, sin dañarse ni a otros/as.
Un aspecto interesante que explicó Bósquez es que cuando los varoncitos están viviendo situaciones estresantes tienden a ser violentos, a "atacar" física y verbalmente. Las niñas, por el contrario, son más sosegadas y cuando están tensas, frustradas y molestas les da es por llorar o gritar.
Relajación muscular: Primero se les pide que se imaginen todo su cuerpo y que tensen todos sus músculos, desde la coronilla hasta la punta de los dedos de los pies. Se les pide que experimenten cómo se sienten. Luego, que, lentamente, vayan aflojándose, es decir, relajando cada músculo y que, otra vez, experimenten la sensación que hacerlo conlleva.
Visualización: Es un poco fantasear. Imaginarse que están en lugares y haciendo cosas que les relajan. Por ejemplo, que imaginen caídas de agua (y sientan el frescor de ésta, escuchen el sonido de ésta), la naturaleza (con todo su colorido especialmente el verde relajante), el mar, animales, se vean escuchando su música preferida, deleitándose con su comida favorita, que se vean como si fueran un águila remontando las alturas, dejándose llevar por el viento...
Respiración: Cuando uno está enojado, explica Bósquez, no puede pensar bien y es porque el oxígeno está en los músculos y no en el cerebro. Se les enseña cómo respirar, cómo inhalar para que el oxígeno llegue al cerebro y como experimentar un estado de relajación cuando se exhala.
La especialista recalca, pues, la importancia de aprender a oxigenar el organismo, para poder tener la mente clara. Y, por otro, llama la atención también sobre la necesidad de evitar tomar ninguna decisión importante bajo estado de tensión. Optar, más bien por retirarse y enfrentar la situación cuando se está más sosegado/a, relajado/a y está con un mejor ánimo. Y, todo esto hay que enseñárselo y decírselo a los/las niños/as.
A madres, cuidadoras, padres de familia, hermanos/as mayores, maestros/as la psicóloga les insta a ser observadores/as, ya que tanto en la escuela como en el hogar hay un sinnúmero de situaciones que llevan a los/las niños/as a experimentar estrés. En la escuela, el gran reto de ganar cinco, portarse bien, quedarse quietos/as, cumplir con las exigencias escolares aunque estén con hambre, cansados, acalorados/as, enfermos/as, deprimidos o tristes.
En la casa, añade la fuente, "una de las principales fuentes que promueve mucho los comportamientos agresivos es la televisión".