Una de las portadoras de la corona de Miss Universo más recordadas y queridas en Latinoamérica, sin lugar a dudas, es Bárbara Palacios.
Su belleza rompió el molde del canon estético propio de 1986, cuando las rubias de ojos claros eran sobrevaloradas en la sociedad y en los reinados.

Actualmente , la alta y elegante exreina de belleza se dedica a dictar conferencias motivacionales, tal y como lo llevó a cabo en la pasada Expo Familia 2012, donde Palacios habló un poco de su obra literaria “La belleza de saber vivir”.
Su charla ante la audiencia fue sincera, íntima y directa. No dudó en confesarles a todos los presentes que no llegó a tan privilegiada posición, por un sueño que fue cultivando desde pequeña o como una meta que se había propuesto realizar.
Al recordar aquel momento previo a recibir la corona en ese mismo lugar, en el Teatro Anayansi del Centro de Convenciones Atlapa, 26 años atrás, y posteriormente al preguntarse a sí misma por qué “le llegó a ella la corona”, descubrió que su misión era poner en práctica sus estudios y habilidades en la comunicación social y publicidad.
En su libro “La belleza de vivir”, la autora se apoya en el trabajo del psicobiótico Marc Hauser, que explica en su teoría que las personas tienen en su ADN algo como la “moral innata”.
Palacios recalcó que solo puede ser llenado con todo lo positivo y capaz de llenar un vacío, el cual solo puede ser abastecido por Dios.
“Todos estamos llamados a ser, a obtener y tenemos derecho a buscar la felicidad”, comentó Palacios.
Entre los nueve pasos que recomienda en su texto para lograr una relación divina habló sobre el perdón.
Bárbara aclaró que, pese a sus logros, ella también había pasado por el dolor “en carne viva ” y que el acto de perdonar elimina cualquier castigo impuesto a otro y a la vez es liberador.
“Quien no perdona sigue con esa herida, no se trata de levantarle un castigo a otro, se trata de sanar esa herida”, recalcó la espigada morena, quien se refirió al perdón como un acto de transferencia.
La escritora definió la belleza como un trabajo íntimo con la “moral innata”.
Su ejemplo como una mujer moral la hizo vestir el traje de baño solo en el momento necesario del concurso, evitando ostentar una belleza física en un certamen de apariencias, por encima de su inteligencia y valores bien plantados sobre la tierra.