La memoria genética de Athina le dice que el dinero no da la felicidad. Nunca se la proporcionó a su familia.
Por eso, aparentemente ajena a su inmensa fortuna, no gasta en ropa cara ni en joyas, Athina intenta hacerse con un patrimonio compuesto de lazos familiares y afectivos. Menos práctico quizá, pero tremendamente más gratificante que el que le dejó su abuelo.
Su objetivo está claro. Si lo alcanza, será la primera Onassis que consigue ser feliz en muchos años.