Según alertan con frecuencia los otorrinolaringólogos, una buena cantidad de niños y jóvenes tienen pérdidas auditivas, en parte debido a los niveles excesivos de ruidos a los que se somete al sistema auditivo.
Y esto es grave, porque, quien no oye bien es más propenso a sufrir accidentes, o a mal interpretar la información que recibe. Además, cuando de niños se trata, tienen dificultad para aprender y a veces la maestra no se percata de esto y piensa que padecen alguna enfermedad mental, que son distraídos, poco importa o que no prestan atención.
Ellos sufren en silencio porque ni en el colegio ni en casa han detectado su pérdida auditiva. Es importante que los padres observen si sus hijos escuchan bien: ¿preguntan mucho, ¿leen los labios, hablan gritado?